viernes, 13 de octubre de 2017

BECK - "Morning phase" (2014)

Beck ha hecho este año algo que a pesar de ser lo más parecido a un elepé podría catalogarse, sin especial apuro, como "terrorismo sónico". Directamente. Esto de "Colors" (2017) no hay por donde cogerlo y no se hable más (hacerlo es recordarlo y el escalofrío que ello genera es de gripe tan certera como inmediata). Seamos pues amables con el Srto. Hansen y recordemos hoy  de donde venimos, antes del recién estrenado (hoy precisa y oficialmente, ya puestos) engendro ya referido: "Morning phase" (2014). Un disco que, aunque desde paisajes más calmos, también abraza sin problema medie la sobreproducción por bandera; un disco cuya belleza parte más de la autoconsciencia que de la auténtica inspiración y/o sentimiento (a lo Elliott Smith o Nick Drake, para entendernos), o eso transpira en diversas ocasiones; un disco que, de la misma forma, se asemeja demasiado a una gran y tramposa producción hollywoodiense disfrazada de postal bucólica "de autor", sin que cuele en absoluto ni importe mucho el que se note... Un disco que, sin duda y en resumen, puede ser tildado en más de un foro y forillo como "artificial"... Y, qué cosas, con todo ello: uno de los mejores álbumes en lo que llevamos de década. Y con una contundencia más que abrumadora. Un caso altamente curioso lo de ésta "Morning phase" en cualquier caso, ni qué decir.

Me va muy bien que ahora mismo estén poniendo en la tele la magnífica "Fargo" de los Coen... No, no he mezclado textos (ni otras cosas) se lo aseguro a todos. Los Coen buenos, los que molaban (los de las siete primeras pelis -y poco más, todo sea dicho-) juegan siempre con esa carta concreta del posmodernismo que consiste en la ruptura de formas con los cánones, inamovibles y en mármol, del pasado. Cogen un "género tipo" y lo revierten en una forma más ajustada (y mejor o peor aceptada) a los tiempos corrientes, confiando en que su buen hacer prolongue su vigencia más allá de dicha premisa de base. Un punto de partida (espurio o lícito, según quien contemple) desde el que empezar a crear, sin más. Y eso, al extrapolar, es precisamente lo que define la música y arte de Beck Hansen. Ya desde el principio. Y, ni qué decir, es ello un jugar al filo del abismo continuo. Siempre habrán popes, de diversa índole y pelaje, señalando que si se quiere hacer una versión de "Oliver twist" hay que plasmar el mismo acervo, contextualización exacta y sabiduría de Dickens tal cual, sin añadidos ni cucamonas gratuitas (y que no les vengan con leches). Y en su derecho están, ojo nadie se confunda... Pero, de la misma forma, debe admitirse también que (centrándonos ya en temas musicales) si no hubieran habido gentes que se han atrevido a recoger ese guante para lograr, a posteriori, obras del calibre de "Yankee hotel foxtrot" o "Ok Computer" (por fugaces e incontestables ejemplos), el mundo sería hoy un lugar aún peor. Y también ha habido, hay y habrá mucha hez jugando a ese juego, evidentemente, pero (se insiste) no debe obviarse lo grande y magnífico que se ha logrado desde ese proceder. Y, final y precisamente, en dicho proceder pocos han sido, en efecto, tan osados (y heterogéneos) como Beck... Un tipo que samplea tres segundos de la Sinfonía Incompleta de Schubert, sin venir a cuento además, en medio de una canción y se queda tan ancho no deja mucho lugar a dudas en cuanto a intenciones, desde luego.

Ahora, recogiendo todo lo vertido en el párrafo que precede, es cuando toca reconocer el sindiós de influencias que atesora el discurso del sujeto que hoy nos ocupa... Beck és, amén de un músico sensacional, un melómano compulsivo. Un tipo que adora a Dylan tanto como a Wonder, y a Prince tanto como a Public Enemy, o Led Zeppelin, Beatles, Sly & The Familiy Stone... y todo lo que en medio pille. Y ni tiene ni pretende tener medida (de ahí que muchos prefiramos antes al tan querido Sr. Everett, compañero de promoción -y con no pocas conexiones evidentes en lo musical-, mucho más cauto, prolijo y cuidadoso por lo general). Y eso, por supuesto, es la explicación de porque tiene Beck tanta gloria como "discreción" en su opus hasta día presente. Patina a veces por aquello del axioma popular del "quien mucho abarca" pero, igualmente, alcanza -en otras tantas ocasiones- cotas altamente necesarias y de muy difícil obviar. Nunca le ha preocupado en absoluto el liarse con chimes o efectos/ruiditos mil de estudio y, de alguna manera, hasta se ha abanderado en ello esporádicamente. Eso, de la mano con esa fuerza telúrica que le lleva a enfrentarse con todo y contra todos (éste tio el día menos pensado hace un disco de death metal acústico y se queda tan ancho), ha hecho de Beck quien es hoy. Tal cual. Para bien o/y para mal. 


... Y a veces, si, para muy -MUY- excepcionalmente bien. Como en "Morning phase". El más bonito de sus discos bonitos (que ahí están los notables "Mutations" y "Sea changes" para hacerle compañía, está claro). "Morning phase" es sin duda el triunfo de un muy delicado trabajo desde el exceso más recalcitrante como tablón de apoyo en el taller. Un trabajo que emociona desde el sudor del órfebre y que de alguna manera se las ha ingeniado, con su nuevo juguete, para lograr magia sin (quizá) ser mago. Y, de paso, se las ha apañado para que resulte muy difícil que uno no esté dispuesto a perdonárselo todo... Muchas cosas que me molestan, que me crean rechazo inmediato en otras producciones, aquí son algo por lo que estoy dispuesto a mirar para otro lado sin problema alguno me aqueje. ¿Sobreproducido?. Sin duda, pero quién dijo miedo... Hay easy listening de manual que te hará buscar el botón del ascensor por instinto, tufillo a AOR que te puedes caer de nalgas, multiinstrumentación abusiva por el morrazo... Da igual. El disco integra un pacífico y mecedor sentir de conjunto que te enjaula sin darte muy bien cuenta de como ha pasado ello. Como si el Moby de las narices hubiera adquirido la atormentada alma del eternamente añorado Elliott durante unos días...  "Morning phase" es, en efecto, un disco de amaneceres y poso reparador. Un disco cuya belleza global te acaba por derrotar, por mucho te/nos chirríe algún paraje concreto. De la misma forma, un álbum que sigue sonando en casa con una profusidad altamente considerable cuando otros, también apreciados desde su mismo año de edición, han ido marchitándose sin remisión. Y es que genio de facto o "mero prestidigitador de altos vuelos" (que decida otro), pocos (desde el rock del último cuarto siglo) engañan tan rematadamente bien -o nos dejan tan indisimuladamente satisfechos, en cualquier caso- como Beck en las ocasiones que  tiene el ingenio  realmente afilado y el punto de mira plenamente enfocado. En las cuentas propias: su mejor disco, si generalizamos más allá de los matices y sin más, sólo por detrás del tan lejano e intocable "Mellow gold". Así de tajante que me resulta el asunto. Y fin.

martes, 3 de octubre de 2017

1/4 DE SIGLO DE "ANGEL DUST"

Pues como ya se celebró, en su momento y en la casa, el veinticinco aniversario de su indispensable "The Real Thing", me temo no queda otra que hacer lo propio con su tan ilustre sucesor, que nos hacía lo propio éste pasado junio: "Angel dust". Sin duda alguna mi álbum predilecto de tan impagable personal y, sin duda igualmente, uno de los trabajos rockeros que más devastadoramente me ha volado la almendra de entre los que he tenido la suerte de gozar en "real time" (agenciándomelo en su estreno, si se prefiere y para entendernos del todo). Esto es así.  

Y es que cuando en algún momento de aquel 1992, a mis bisoños dieciséis para diecisiete, me acerqué a la tienda para hacerme con éste álbum (vinilo que aún conservo como oro en lo que te dije), y bajo la influencia aún de la onda expansiva de lo que me supuso su anterior y  tan cojonástica obra ya arriba mentada, bien poco podía imaginar uno lo que se me tenía reservado en su interior... "Angel dust", el multiplatino imposible, el delirio desbocado de unos músicos con un talento inabarcable en el cenit de su creatividad y descaro. Un complicado laberinto, altamente enfermizo por momentos, donde lo esquizoide y lo grotesco se tornan pura adicción sin poderse remediar y, a decir verdad, sin ser capaz uno de poder explicarlo demasiado bien. Y esto también fue y és así. Aunque no todo resulta tan rematadamente intrincado al desgranar sus partes y, está claro: "Midlife crisis", "Everything's ruined" o "A small victory" funcionaban al fin como magníficos singles, representando su cara más amable y accesible (o "amable y accesible" siempre en sus ex profesamente esquivas formas, debiera quizá matizarse). Pero es en lo demás, en "lo otro", donde el álbum encuentra y cimenta su innegable grandeza y leyenda (nadie se despiste). A algo tan inclasificable como la inicial "Land of sunshine" (con sus pasajes hablados, risas diabólicas y teclados circenses -etc-) la sucedía ésa "Caffeine" y su curva de sofoco agobiante con explosiones de pura locura de un Patton que, de forma natural, ya se descubría como principal ente creativo, de la insaltable mano del inefable Billy Gould. Embutida entre dos de los mentados singles, estaba la desconcertante "Rv" con sus aires de serenata de cantina del Oeste y, a modo colofón para la A side, teníamos "Malpractice" que era como un cruce entre Slayer y Pink Floyd en el manicomio del nido del cuco: ecos a los requiebros imposibles de aquellos Mr. Bungle en los que también operaba el cantante, las cuchilladas de Hermann, gloriosas apariciones del teclado de Roddy Bottum a traición y un considerable número de chaladuras a sumar, al fascinante todo conseguido. 

Y para abrir la segunda cara, pues nada, mi favorita del lote: "Kindergarten". Magnífico protagonismo de la guitarra de Martin y las teclas del otro, a la par, y un Mike que aprovecha descaradamente el marchamo más reposado para lucir voz y cante. Tras ella la oda al francés (y no me refiero a Sártre, precisamente) de "Be agressive", con sus cachondos coros y demás fanfarria que componían, sin duda, el momento más festivo del disco, si tal concepto puede darse aquí por admitido. Tras ella y su invencible "pequeña victoria", que la sigue, hora ya de refugiarse de pleno en la disgregación absoluta de "Jizzlobber", que es más inclasificable que "Land of sunshine", más sofocante que "Caffeine" y más puta loca que "Malpractice"...  Inolvidable y genial. Tan descarada, tan replegada sobre si misma y, por supuesto, tan sin miramientos medien que, para mi al menos, merece un puesto de honor inamovible entre las grandes tonadas de siempre de los tan cojonudos FNM. Que a su lado algo como "Smaller and smaller", que cierra la versión analógica del asunto, parezca casi normal, obra todo un pequeño milagro... Y cómo olvidar, por otro lado, su "danza invoca lluvias" de la parte central que se funde perfectamente con los teclados, en otro de esos incontables momentos de grandeza a traición que nutre la obra de los californianos. Para rematar faenas del todo, eso sí, debe sumarse al botín (y yendo ahora a la versión digital) la instrumental cover del"Midnight cowboy", que tanto juego les diera en los directos o, faltaría, su famosísima y tan celebrada versión del "Easy" de los Commodores (cuya aparición en ésta colección, -con la que nada y menos tiene que ver-, no venía si no a constatar por enésima lo realmente pirado que podía estar de lo suyo éste personal en un momento dado... y en los demás también). Pero sigamos, Que cojonudo es poco lo de "Crack Hitler". El bajo de Gould en éste tema vale por tantos discos enteros que ni me arranco a tratar de enumerarlos por lo puro imposible, aunque (si cabe) todavía me gusta un punto más la nueva versión de su "As the Worm Turns", ahora ya con el mejor cantante (qué ya podrían haberse re-grabado el primer par de discos con Patton de voceras los muy canallas, aunque fuera dándole una buena tela a Mosley...)  y en exclusiva para la edición nipona del elepé  Y se acabó, no lo alargo más. Tras "Angel dust", un disco muy bueno, otro muy malo y, finalmente, una laaarguísima travesía del desierto antes de volver, hace un par de años, con un más que apreciable y señor disco que, si bien no se acercaba a su díptico sagrado, si podía partirse la pana sin excesivos problemas con el también honorable par que los envolvieron. Larga vida y gratitud por siempre a la grulla, la cafeína y los jardines infantiles.

domingo, 24 de septiembre de 2017

CICLO Mr. ALLEN: 23. "BALAS SOBRE BROADWAY" (1994)

INTRO. Qué difícil se me hace atender a que, visto el estado de forma de nuestro protagonista entonces (repasar reseñas inmediatamente anteriores de ser necesario), sea seguramente con el film de hoy donde se halla el mayor consenso a la hora de señalar (y aunque sea después y no con él, en las más veces) el punto exacto del inicio de su deterioro creativo. Hay gente que sumaría a sus largos años de bonanza el film que sucede y, por contra, quien ya deja de integrar ésta película, que nos toca para saga y posteo, a dicha era dorada. Pero, de alguna manera, "Balas sobre Broadway" queda, en efecto y al generalizar, como la lanza clavada en el suelo. Como el fatal "hasta aquí", que comúnmente suele mentarse (y de forma algo desagradecida para con quien tanto y tanto nos ha dado -que si no lo pongo muero por lo que  ruego comprensión por ello-). Aunque también, que es de justicia ello, no conviene desatender a que todavía le quedaba un fogonazo futuro de pura genialidad maestra a Allen, "desmontaciones" mediante, y un par de muy notables -y también enteramente cómicos- logros a reivindicar. Sea como fuere, desde "Toma el dinero..." hasta éstas "Balas" és donde se suele concitar el mayor número de opiniones, más o menos eruditas, llegada la hora de ubicar al "gran y mejor Woody Allen". Que se podría sacar punta igualmente, claro: recordando que sus segunda y tercera referencias son una sucesión descarada de gags y sin más (aunque bastante divertidos, por lo menos en apreciables cantidades) que se alejan y bastante de sus mayores hazañas cómicas; que "Septiembre" (y por determinadas razones) no se acerca ni de coña a sus mejores referencias abiertamente dramáticas;  y que, y entendiendo que esto es ya más personal, "Alice" queda francamente desconectada -en calidad, entiéndase- de toda la retahíla de barbaridades que la anteceden y suceden en cronologías... En resumen, y eso clarinete: un cuarto de siglo (más/menos) de cine mayúsculo, plagado de films inolvidables y en una cadencia imposible. Y, como siempre haya ocasión (ni que sea inventada o arteramente generada) en ésta casa, no dejará ello jamás de reconocerse y aplaudirse hasta el fin de los tiempos.

"SINOPSIS PRESTADA". David Shayne es un autor teatral fracasado que, por fin, consigue financiación para una de sus obras. Pero a cambio tiene que aceptar una condición: darle un papel secundario a Olive, la incompetente novia del productor, el gángster Nick Valenti. Olive acude a los ensayos acompañada de su guardaespaldas Cheek, que, lejos de limitarse a vigilarla, se permite sugerir cambios para mejorar la obra. A fuerza de ceder a los consejos de Cheek, David empieza a dudar hasta tal punto de su talento dramático que acaba encargándole a Cheek que reescriba la obra.

A FAVOR. Divertidísimo film con aureola de "comedia clásica", heredera directa de los Lubitsch o Wilder, que pocas veces encontraremos de forma tan marcada y acentuada en el opus "allenero". Tal cual. Los actores, ya en materia, resultan inmejorables en todos y cada uno de sus roles. Empezando por este Cusack, que si bien para mi jamás debiera salir de este tipo de comedia pura (sin aditivos especialmente "románticos" o "gamberros", donde nunca me lo acabo de creer), que funciona como un tiro y como obvio trasunto del propio Allen; la gloriosamente sobreafectada Diane Wiest y su constructo, sino guiñol, de la Swanson del inolvidable "crepúsculo"; el macarra Palminteri haciendo virguería de la hipérbole con los (mafiosos) tópicos; o, cómo no, la aceleradísima, estridente e inolvidable Jennifer Tilly que parece se quiere robar el largometraje en cada simple segundo de aparición on screen... Divertidos y no poco también los otros roles secundarios (los más famosos y los menos), de entre los que me gustaría destacar especialmente (aún por encima de intérpretes incalculablemente superiores como Broadbent o Ullman) a éste Reiner y su breve, pero contundente, colección de máximas al tendío ("Hay que hacer lo que hay que hacer"... insuperable). La música, firmada por "un tal" George Gershwin, no se queda precisamente atrás y faltaría. Por lo demás, sólo nos resta deleitarnos con la intachable factura fotográfica por parte del bastante habitual Carlo Di Palma (que clava épocas y contextos con nota) y, por supuestísimo, disfrutar cual gorrinos del más que abultado carrusel de momentos cómicos con el que tan descacharrante  guión (firmado a cuatro manos por el propio Allen y Douglas McGrath -realizador de "Historia de un crimen"-) nos obsequia.


EN CONTRA. Que a pesar de su metraje, superior al de la media habitual de sus films, se me hace algo corto. Y, mayormente, porque  hay sitos aquí algunos personajes que, particularmente, me hubiera gustado ver más tiempo en pantalla... Egoísta, gratuito, o directamente estúpido (no problem) ello. Se acepta. Pero tras ni sé cuantas visualizaciones desde que acudí al cine en su estreno, opino que una mayor coralidad hubiera hecho la diferencia que le queda hasta la pura e incuestionable "masterpiece", y aún partiendo de la excelencia que, por otro lado, me supone y atesora de todas formas.

CONCLUSIÓN. Me parece bastante incontestable que cuando reparamos en eso que apuntaba a principios del epígrafe "a favor" (con lo de "comedia clásica"), es cuando nos damos plena cuenta de la fuerza y empaque de ésta pedazo película, y yendo más allá de su engañosa y aparente ligereza (que no se equivoque nadie aquí... de "título menor" nada de nada, mis estimadísimos compinches). Y lo voy a explicar... Allen tiene experimentos impagables en clave de falso y cómico documental, o bien comedias adheridas al drama que muy bien, y perfectamente, pudieran señalarse al revés: como dramas de dejes abiertamente cómicos... Sin embargo, comedias "puras", en aspecto y forma, cimentadas sobre una narrativa continua y sin dejar los goznes flojos para que se cuelen (o medio cuelen) otros modos, tampoco tiene tantas tantísimas como pudiera imaginarse... Y, en efecto, "Balas sobre Broadway" resulta de las más redondas y celebradas al fin. No para encaramarse, más allá de toda duda, al podio de las tres mejores aún acotando a dichas y "clásicas" premisas, quizá (ok), pero si de "las buenas". De las buenas de verdad. Y, para terminar, no veo cómo puede dejar de recomendarse, honestamente (y no ya sólo lo evidente de su visualización sino también, incluso y de la misma forma, su periódica recuperación), porque en definitiva: "El Arte es vida, ¡ y vive !"... Y aquí encontraremos siempre una cachondísima muestra de ello.

GUZZTÓMETRO: 9 / 10

miércoles, 20 de septiembre de 2017

THE DREAM SYNDICATE - "How Did I Find Myself Here?" (2017)

En resumen... El nuevo disco de Steve Wynn y su sindicato onírico vendría a resultarme como ese glorioso momento, reconocible por todos, en el que tan a gusto se está en un lugar que uno no puede reprimir aquello del: "De aquí no nos vamos hasta que nos echen" (o similar). Tal es su enjundia y pegada. Y la cosa tiene su explicación, faltaría...


Es muy fácil de entender en realidad. Cuando uno tiene en Lou Reed a uno de sus mayores héroes personales del rocanrol (y estamos en Top-3 de la historia, personalizando -chapuceramente si se quiere, pero aún por esas- al máximo el asunto), no cuesta demasiado de imaginar la opinión que a su vez se tiene de The Velvet Underground... Y de sus hijos/herederos más encomiables. Basta referir que, por ejemplo rápido, en ésta casa el disco de cabecera (omitiendo algún directo o algún doble concreto) es el mismísimo "Marquee moon" de Television, legendaria representación de dichos hijos/herederos y ni qué decir. Y, faltaría, la lista de dicha prole -con más o menos lustre según quién pondere- es más que meramente  amplia. A modo -MUY- fugaz muestrario: desde Patti Smith o Richman, los mentados Television de Verlaine o los Talking Heads de Byrne, pasando por The Feelies  y My Bloody Valentine, para llegar hasta los Yo La Tengo o los mismos Pavement... y un sindiós de posibilidades a encaber (y por quien narices pertoque), beben directamente de las célebres ubres de terciopelo criadas en aquella Factory de los mid-60's. Con todo, qué cosas, si tuviera que mentar hoy la formación/artista que con mayor vehemencia ha continuado (o continuó) "la saga velvetera", con todos sus tics y dotes diferenciables a cuestas, se me abre un debate imposible al llegar a la bifurcación: ¿Dream Syndicate o Sonic Youth?... Los segundos tenían el afán de experimentación, de emocionar de la forma más insospechada (y por ello más bienvenida) desde la suciedad y lo incómodo por montera. Pero, a su vez, sea seguramente la troupé de Wynn (a pesar de tener una discografía que alcanza apenas la cuarta parte de la de los dioses del noise-rock  neoyorquino) la que más simple y directamente me recuerda a la VU de las narices en formas y maneras... Y, ¡anda! (ya en presente), resulta que han sacado nuevo disco los Dream Syndicate. En pleno 2017 y tras casi tres décadas de hiato (que de escribir es fácil pero a ver quién narices se lo esperaba hasta hace bien poco). Y, ¡re-anda!, resulta que no es un "sacacuartos" sin más... De hecho, más que posiblemente, sea uno de los más mejores discos de Rock de éste año, sino el mejor y ya puestos a decirlo todo. Aplausos por doquier y a por éste "How did i find myself here?" que ya nos vamos...


"¿Cómo me encontré aquí?"... Sea pura retórica o apostrófico lamento, poco importa. És ello, sin más, la historia de una victoria indebatible, macerada (de forma orgánica y natural) desde el volante del puro, duro y aplastante talento. Lo más fácil de asimilar de inicios, lo que en seguida te salta al hocico ya desde la primera escucha, sería que, en efecto, Wynn y sus esbirros han querido rescatar de forma muy autoconsciente sus registros más recordados y añorados. Porque es así y ahí (para mi al menos) no media debate. Dicho proceder, sin duda, puede hacer arrugar algún ceño al seguidor clásico que lo és/era, principalmente, por el innegable acervo innovador del combo... Los que aplaudieron, especialmente, esa deconstrucción de modos y domeñación eléctrica, y que (seguramente) duermen cada noche con un cojín forrado de negro con las palabras "White Light/White Heat" en blanco, bien gordas y visibles... Y, ojo, que en su derecho están y, por supuesto, den su gusto aplaudido por mi parte. Ahí tampoco me media debate. Pero es que, ay, és desde ahí, precisamente, donde se genera de alguna manera lo de: "mola pero se ha ido a lo seguro"... Donde se puede incurrir, por desgracia, en el ninguneo (anteponiendo el criterio propio -eso del "esto ya me lo sé", "esto ya me lo conozco", etc.-), en el proceso, y por parte de gentes que, para mayor sangría, conocen y quieren a músico y banda (y leyenda)... Y eso, adivinaron, es lo que me toca un algo las narices... Pues si bien es cierto que han tirado, claramente, por un recuperar tonos desde sus dos primeros y mejores (e indispensables) álbums, sacrificando el giro de los dos siguientes hacia pastos más, póngamos, inmediatos (que a mi también me gustan y no poco, ni qué decir, sobretodo ese "Ghost stories" que se mueve entre los dos reversos de la banda como en ningún otro sitio), pienso que no se acaba de asimilar demasiado bien quizá en algunos foros y forillos lo que aporta, hoy en día, un nuevo disco de Dream Syndicate. Y no un disco cualquiera, atención, sino una barbaridad de disco como  "How did i find myself here?", más concretamente... Y, de verdad, que no quería jugar la baratura de enarbolar el naipe de la comparativa con las formaciones que, a distintos niveles (desde el gafapasteo más repelente en su modernez, hasta lo más risible y patético del mainstream), "lo petan" hoy día... pero es que és de cajones, pardiez. ¿Qué ya lo hemos escuchado antes esto?... Pues cojonudo, sabes más que nadie, viva tú (incluso)... Pero sigue siendo un álbum de reputísima madre el nuevo DS. Un álbum altamente nutritivo, punzante y eléctrico, en el que (al fin) perderse y refugiarse de nuevo. 


No me engaño, por otro lado. No pretendo marcarme un Braveheart defendiendo algo que no lo necesita en absoluto ya que, básicamente,  el disco está teniendo una aceptación acojonante, por lo menos al generalizar... Pero es que, miren, dicha "aceptación acojonante" me sabe a poco a mi. Soy así de mezquino, cabrón o lo que prefieran del catálogo...  Y no puedo evitar el fastidio que me causa que, al igual que ocurrió años ha con el maravilloso "The eternal" de Sonic Youth, a un disco que se caga lo indecible en prácticamente todo, dentro de la oferta de temporada, se le dispense un trato de "buen disco" y a otra cosa butterfly (que tengo cinco novedades en el torrent y otra del rapidgator en ".rar" que no pueden esperar tanto)... NO. Y mil veces ello. "Filter Me Through You", que arranca el asunto, podría pasar tranquilamente por uno de los mayores hits jamás grabados por Ira Kaplan y cia. Solemnidad eléctrica bajo un cielo que reverbera estática acunada por ese órgano tan apenas imperceptible como constante. Magnífica alfombrilla de la puerta acceso para "Glide", que es el cambio de marcha partiendo de exactamente las mismas armas, y donde se acelera melodía e instrumentación... y el veneno ya ha sido inoculado y te circula por la sangre como debe y procede, ni qué decir. Para "Out of My Head", y su overdub constante de principio a fin (sin miramientos ni compasión, rememorando a los Reid menos complacientes),  ya la cosa cabalga sola como un tiro y se pierde uno tratando de contar cosas (todas buenas y algunas enormes) a las que nos retrotrae lo que escuchamos. Sin embargo, como cabritos lo son un rato pero tampoco se quiere abusar, en "80 West" juegan la "baza pixie" (y recuerdo que estos ya hacían antes "estas cosas" que todos los pesos pesados del posterior indie-rock yanqui de mayor enjundia). Tras la mayor accesibilidad de dicha pista tenemos "Like Mary", el caramelo de mieles y limones que nos recordará a todos, por enésima, qué buenos pueden resultar los Galaxie 500, en general y, especialmente, según te pillen. Tras la calma, siempre tan -agradecidamente- cara en este trabajo, ahí tenemos "The Circle", el highball definitivo por si alguien lo necesitaba. La versión hipervitaminada de la anterior "Out of my head", destilando electricidad (concepto o condición que he repetido mucho y se lo aseguro que, en ésta ocasión al menos, no es casualidad ni mucho menos) y reverb por todos y cada uno de sus segundos. Pero llega la virguería, claro. El tema títular: "How Did I Find Myself Here" (la canción -y perdiendo la interrogación explícita para la ocasión-). Prodigio de obvias tonalidades jazzísticas donde, también de forma obvia, se nota especialmente la aportación de la magnífica, y ya histórica, base rítmica compuesta Mark Walton y Dennis Duck en 1984, lo mismo que, de una u otra manera, varios de los tótems insaltables para Wynn (de el guitarrazo al tendío del maestro canadiense, hasta la ensoñación de los neoyorquinos del subterráneo, y tanto de más que en medio nos pilla).Tras los once minutos de epopeya de estilos y tonalidades, solo nos queda ya ésta postrera "Kendra's Dream", donde más allá de aparecer en título, la miembra original Kendra Smith colabora, marcándose "un Nico" y recordándonos aún una última vez quien és la principal y más sentida influencia de éste personal... Por lo demás, admitir que se omitió demasiado torpemente, hasta ahora, las aportaciones (y de tan obvia importancia) por parte del otro guitarrista, Jason Victor, secuestrado desde alguna de las anteriores encarnaciones de Wynn, lo mismo que recalcar que, en efecto, nos encontramos ante un tracklist escueto... Aunque con trampa, ya que lo és sólo a la vista. Sus ocho canciones alimentan como ochenta de otros y, en cualquier caso, por ésta vez aquellos que claman (no sin altas dosis de acierto, por lo menos al humilde entender personal) por discos "sin rellenos", por regresar a los trabajos donde las canciones sean menos pero gocen de un mayor autonomía y entidad propia, se verán más que ampliamente recompensados... Sintetizando: de vuelta y con un disco que merece apoltronarse junto a sus cuatro hermanos mayores (y los dos primeros también, no se dude) sin ningún complejo ni tirantez medie. Por ello y en conclusivo resumen: ¿en 2017, y con "lo que hay", un disco de Dream Syndicate digno, por todas las legales, de llevar su nombre no és acaso de lo mejor del año?... Volvemos a lo "de cajones", sin duda. Y, finalmente, no sé si alguien le podrá mirar de una forma que no sea de abajo a arriba, al hacer recuento definitivo de lo ofertado éste año a nivel de studio albums, pero (para quien suscribe al menos) la cosa va a estar complicada de narices. 

(Pd. Otras reseñas ilustres, para desconfiados y pacatos varios, me las encuentran aquí: Addison de Witt, Bernardo de Andrés). 

martes, 19 de septiembre de 2017

¿VENCEDORES O VENCIDOS ? (EL JUICIO DE NUREMBERG) (1961)

INTRO. Tiene sus narices que algo tan fungible como "Adivina quién viene esta noche" sea el film por el que más suele recordarse al realizador Stanley Kramer. Incluso aquella tan desmedida astracanada a la carrera (vibrante y/o divertida según te pille, pero astracanada al fin) de "El mundo está loco, loco, loco" goza de mayor popularidad que el film que toca hoy. Sin embargo, nadie se engañe, la mejor y más contundente muestra del buen hacer del famoso cineasta neoyorquino tras la cámara residirá, por siempre, en ésta "Judgment at Nuremberg". Muy superior, al humilde entender personal, no ya a los otros films referidos hasta ahora (evidentemente), sino a las otras referencias con mayor enjundia que aparecen en el catálogo del autor: "Encadenados" (1958) y  "La herencia del viento" (1960) (lo mismo que a esa debilidad que me supone "El secreto de Santa Vittoria" de 1969 -ya en éste espacio abordada hace bastante tiempo-). No la liemos más aquí y basta referir, de momento, que estamos (y en la más pacata de las lecturas) ante un top-10 inamovible de los mejores films de juicios nunca habidos. Y con la boina, además. Tal que así es la cosa.

"SINOPSIS PRESTADA". En 1948, tres años después del final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuatro jueces, cómplices de la política nazi de esterilización y limpieza étnica, van a ser juzgados en Nuremberg. Sobre Dan Haywood, un juez norteamericano retirado, recae la importante responsabilidad de presidir este juicio contra los crímenes de guerra nazis.

A FAVOR. Magnífica decisión lo de apostar, para el libreto on screen, por el mismo autor de la obra teatral (Abby Mann , quien por cierto iba a ganar el Oscar de marras al mejor guión adaptado por su labor). Se nota. Y mucho. Pues tanto escritor como realizador derogan, casi  por completo, el limitarse a colgar pasquines efectistas, practicando el ventajismo fácil del contentar la férula antinazi del gran público, sin más, para tratar (y a la postre conseguir) de plasmar varios de los distintos puntos de vista y situaciones que, agazapados tras tan horrendo capítulo de la Historia, se pudieron generar y, por infinita desgracia, se generaron. Ese rehuir, de forma ex profesa, los blancos y negros propios del maniqueísmo más simplista y recalcitrante es pues, sin duda alguna, el principal volante e intención de lo que se nos viene a relatar en las tres horazas de metraje aquí reunidas... Y que pasan de forma bastante fugaz, por otro lado (síntoma inefable del buen hacer desde la sala de máquinas). Mejor, partiendo de dichas premisas, procurar tener la mente abierta y entender que ante algo tan fatalmente extraordinario como fue el yugo nazi, las percepciones demasiado "aprioristas" pueden hacer que nos quedemos muy cortos o, al revés, nos pasemos demasiado de largo según sea a lo que atendamos de forma ya más prolija y concreta (quizá los hijos de puta lo sean más aún de lo que imaginábamos o, por contra, haya a quien se le abra por sorpresa el beneficio de la duda, más todo lo que en medio quede -siempre a colación de lo que aquí se nos enseña-... y aunque, por supuesto, cuñadismo habemus: "todo eso se sabe ya... que no deja de ser histórico"). Es desde ahí donde, está claro, podremos al fin disfrutar de un magnífico largometraje de los de "juicio y tentetieso". Por tan sumamente serio sea el tema por un lado, mientras que, por el otro, conseguiremos deleitarnos, no quepa mínima duda, con un casting coral (toda una especialización, o casi, por parte de Kramer) relleno de nombres famosos y a cual más tremebundo llegada la hora de ponderar sus aportaciones... Porque, y esto es quizá lo que más me agrada del film, esa pluralidad de roles tan diversa, con su correspondiente reparto de verdades y/o miserias particulares a cuestas, es de muy difícil pagar del todo. Quédense con quien prefieran: Tracy como juez pre-jublidado en uno de esos roles que nadie puede hacer mejor; un Richard Widmarck aparentemente contenido cuya contención explota esporádicamente para aplauso de sus fans (como quien suscribe); la Dietrich mostrando un derivado social determinado "post-holocausto", en el que rara vez se ha reparado en el medio y/o en la temática abordada; Lancaster como el flemático juez juzgado cuya tragedia se torna doble por la autoconsciencia final (y con magnífica bofetada de despedida ya tocando los títulos de crédito); Maximilian Schell como el resuelto y a veces acelerado (y media comprensión que le toca bailar con la más fea de todas en su rol) abogado defensor de los encausados; Judy Garland en su torturado testimonio, cuyo paroxismo acaba por despertar al "león dormido" del letargo; o, por supuesto, con éste Monty Clift, ya en sus últimos años y presa de varias adicciones (hasta el punto que su aportación se realiza en bastantes tomas y partiendo de la pura improvisación, con carta blanca del realizador, en gran medida) que pretende robarse el film de un zarpazo en apenas diez minutos de trabajo... Con quien quieran, vaya y me repito. Que es lo de caerse un barco en un crucero y darle al agua: acierto seguro. 

EN CONTRA. Muy difícil no perderse en concatenaciones subjetivas, con estos temas de por medio (ésta entrada bien pudiera ser perfecto ejemplo de ello, se admite sin problema). Pero, de verdad se lo aseguro, que el esfuerzo por evitarlo, -y de conseguirlo ni que sea parcialmente-, vale la pena y mucho... Que sean después, entonces, las consideraciones morales y denuncias de cada espectador particular... Primero disfrutemos del puro y duro Cine aquí ofertado. Que es mucho. Y me consta que es harto difícil, no se me escapa, porque más allá del alzamiento de los putos nazis y de lo que de él deriva, hay un debate aquí acojonante, y apenas soterrado, sobre legalidades de estado vs. justicias elementales que... Joder, ya estamos otra vez !... Pero es que tan lógico me resulta ello, de todas formas... Tan desgarrada es ésta historia (precisamente por ello, por ser "historia" -y señalarnos, por ende, con el dedo y empíricamente como la especie fallida que tan claramente somos a veces y a un nivel mucho mas allá del difícil digerir-) que, sin quererlo y de forma natural, desdibuja tanto algunos roles determinados (y aún por muy bien interpretados estén), como también, y ocasionalmente, otros aspectos de su facturación cinematográfica. Y da igual que, faltaría, esos aspectos sean presentados de forma irreprochable (se insiste porque es así). Es una batalla pérdida de antemano, por dura y pura comparativa tan natural como lógica. 


CONCLUSIÓN. Kramer sabía, en todo momento, que se tenía que sacar tajada del conocimiento general que se tenía (y tiene) del tema al estrenarse éste film, por obvias y todavía entonces recién cicatrizadas heridas (poco más de tres lustros pueden parecer muchísimo  tiempo hasta que reparas que en el otro platillo de la balanza lo que ejerce el peso es el término "holocausto", diáfano ello). Y es que: ¿cuál es/fue en realidad el grado de implicación del pueblo alemán "no amenazado" durante el alzamiento? ("es al pueblo alemán a quien se está juzgando aquí", que espeta en uno de sus fraseos Maximilian Schell -el otro "oscarizado" de la función-), no es sino una manera, poco sutil pero altamente efectiva, de preguntar a su vez al espectador: ¿hasta qué punto, realmente y partiendo de una premisa obvia de honestidad, nos la jugaríamos por poner en riesgo a nuestras vidas y familias por ayudar a un vecino de dos calles más abajo al que apenas conocemos?... Acojona realmente, a poco se analice. Y puede, incluso, que de repente ya no seamos tan gallitos, en este mundo de redes sociales y selfies... ¿Y los jueces? (los de la película y los que no, si se quiere, aunque mejor centrémonos en los primeros por acotar ni que sea)... De entre millones de víctimas (inocentes) asesinadas siempre habrá "una primera" (y como tan certeramente se nos subraya en la conclusión)... ¿Puede ahí el mero disfraz de la legalidad regida por intereses -más o menos oscuros al generalizar, y más oscuros que una noche sin luna ni día le aguarde para el caso nos ocupa- opacar la más evidente, epatante, cruda y repugnante de las injusticias? Pues, en efecto, es ahí donde tenemos el decodificador postrero para hacernos una opinión del episodio específico que en éste film se nos relata... Que los altos cargos nazis eran un atajo de genocidas, sádicos y deshumanizados hijos de la gran puta, no es algo ni que se planteé en él. Se da por obviado en todo momento y punto (aquí no hay nadie frivolizando, tornando fatal tragedia en efectista espectáculo... poniendo, no sé, piedrecitas en algún sitio al final de la peli o similar, por ejemplo). Lo único -se insiste- que puede achacarse a "¿Vencedores o vencidos? (El juicio de Nuremberg)" (amén de la innecesaria licencia a la hora de traducir título a la lengua cervantina por parte del hacha de turno), en definitiva, es que la empatía, -por parte de sus propios hacedores-, que se genera con lo que se nos explica fagocita en parte las puras y duras formas (ocasionalmente,  incluso, llega a acercarse al documental para algún pasaje). No por ello, y se insiste con mucha mayor vehemencia, debiera dejarse de disfrutar un tremendo ejercicio de Cine. Y de muy alto octanaje. Como el que sin duda se nos dispensa. 

GUZZTÓMETRO: 9 / 10