domingo, 21 de agosto de 2016

ABOUT... WOODY ALLEN

Pues no. No puse a Woody Allen en la jerigonza doméstica de hace unos días con aquello de "Mi Top-5 de realizadores ever -en esto del cine-". Pero en verdad, y justicia, aclaro hoy ello explicando que aunque casi siempre tengo en la última posición de dicha -y tan gratuita- chocarrada al señor John Huston (los otros 4 son mis "intocables" y no hay más que hablar) liándose de leches contra dios y la madre por conservar dicha condición, a veces, entre trifulca y trifulca, " me pierde algún puesto"... Y, obviamente, uno de los "chorizos", o "intrusos" (o lo que se quiera convenir), prestos siempre a colarse en tan reputado rol es, no quepa duda, el cineasta que hoy ocupa éste "About" de turno. De hecho, fijarse (o no) mismamente en el lateral del espacio, con lo de las "labels" y tal, y descubrirán como de entre los artistas con nombre propio, el Sr. Allen es el que acumula más reseñas en ésta casa y con muy holgada contundencia. Toda una cuenta pendiente, a decir verdad y para uno, esto de hoy.

Y es que Woody Allen ya cuenta con su "ciclo" particular, a costa de su filmografía como director para "la gran pantalla", aquí (vamos por los primeros 90's por si alguien no le consta y tiene curiosidad... y sobretodo tiempo), es cierto. Pero me faltaba quedarme ya a gusto del todo con esta sección que, seré claro, es la que me permite hacer siempre el barrido en modo "brocha gorda total" sobre lo que pienso, opine o considere de quién quiera dios que sea o lo qué sea el diablo toque.


 Así sin más, porque por algún lado hay que empezar y porque a mi esto de las disgresiones pues, quieras que no, me tiran bastante, empiezo contradiciendo gran parte de lo apuntado en el bastante entretenido (que no necesariamente edificante -rara vez me lo parece, vaya, y sin que por ello pierda un ápice su condición de ligero y apreciable divertimento-) programa de radio Todopoderosos, en el especial que ahí se pegaron (tiempo ha), a la salud del célebre genio sionista de la big apple (podcast del mismo)... La apreciación del presentador/conductor de dicho programa, Arturo González-Campos, cuando afirma que el cine de Allen es como "el colmado del barrio" (donde, más o menos viene a referir, la gente va a buscar algo muy concreto y punto) la paso de largo por básicamente, y perdón por emplear jerga técnica, chorras (sino irreverente en verdad... pero como el hacedor no es siquiera consciente de ello, pues miren, lo dejaremos pasar al no mediar maldad). Más me sorprende, y desconcierta (por lo absurdo y vanal viniendo además del contertulio más respetable, a priori, en lo tocante al reverso menos cómico -por lo habitual- del embolado), lo del cineasta Rodrigo Cortés... Sin cortarse un pelo, éste afirma (así, pontificando y con un par) que: Woody Allen tiene una "resurrección", cada lustro o así, donde es redescubierto y/o redimido (como si todo su cine fuese un continuum, sin pausa, por igual en sus partes -o sin ir más allá de lo evidente de los inicios más desmadrados-, y sin distanciar épocas por calidades o inspiraciones). Es más, se (auto) refuerza el tío añadiendo algo así como que cuando se critica un nuevo film de Allen (orientado ello a sus últimos tiempos, mayormente), se suele olvidar por la curra que algunos, o muchos, de sus hoy ya "clásicos" también se llevaron (en no pocas ocasiones) generosa ración de cera en su momento... Esto está muy bien, si. Mayormente porque se lo saca él del badajo y lo dice tan serio que si algún teenager, o post-teenager, impresionable (de esos que ingieren elementos culturales, y pseudoculturales, así a lo burro... a granel y sin filtro se requiera, que también es un poco la edad -y por ello no media crítica alguna aquí por lo a ellos tocante-) da con ello, hará dogma de algo que, básicamente, es un embuste (o "si prefieren los nombres largos" que diría aquel: un sofisma recalcitrante de manual y avezado por completo a un racionamento completamente trillado por conveniencia de contexto)... Pero lo dejo ya, que a fin de cuentas yo escucho ese programa (es más, ya puestos, el Sr. Cortés es además mi contertulio favorito del mismo y con muy marcada diferencia) y tampoco les quiero dejar, al menos de momento, más "lindeces"... Les permitiremos huir hoy con vida, pues, y ya haremos más sangre en otra ocasión (prometido queda). Eso sí, la importancia y grandeza de tan reputado y necesario artista, para con la historia del medio que más y mejor le eterniza, ya se lo explico yo como procede en siguiente párrafo (y "de nadas", anticipadas).


En realidad es muy sencillo. Demasiado tal vez. Nos enfrentamos con Mr. Allan Stewart Königsberg a un realizador que hilvana (y mucha atención que es esto algo sin parangón en toda la historia del tinglado, me atrevería a argüir) un cuarto de siglo majestuoso, a razón de film por año: desde 1973 a 1994... Vale, vale, ok, no es mi rama favorita pero tengo nociones, y aún por muy básicas sean, en esto de las "mates". Me explico. Aunque entre incluso desde ese periplo de bonanza brutal señalada haya y habrá siempre -y para quien proceda cada vez- algún que otro escollo (yo señalaría dos referencias única pero muy claramente: "Septiembre" y"Alice"), o el que, también y a pesar del encanto o la comprensión se pretenda encontrar/mediar, me parece como bastante indebatible que tanto "Bananas" como "Todo lo que ud..." (ambas fuera del periplo apuntado -paciencia, que lo ato al final-) no serían precisamente "peliculones" (y por mucho que unas risas puntuales siempre te las pegues). A pesar de ello, digo y sigo, el recuento final que hago (y me gusta de hacer) me llega a buen puerto al traernos de vuelta su primer largometraje como director, la descuajaringante "Toma el dinero y corre", hacer puntuar como procede la devastadoramente cachonda "Desmontando a Harry" (para mi su última y descacharrante masterpiece más allá de toda duda), apreciar sin reservas dos films ya neomilenarios que me encantan cosa fina y siempre quedan fatalmente infravalorados como "La maldición del escorpión de Jade" (lástima de la fatal elección para el rol de la co-protagonista principal, eso si) y, sobretodo, la muy cachonda y no falta de mala gaita "Un final made in Hollywood", o incluso recordar, de vez en cuando, la simpatía de una obra menor pero aún efectiva como "Poderosa Afrodita", lo mismo que el tremendo "solo" (perfectamente encajado esto, que soy un crack a veces, si) de Penn para el falso biopic de aquel émulo impostado del legendario guitarrista de jazz Django Reinhardt en "Acordes y desacuerdos". Esto és, hágamos recuento: aunque hablando con mayor propiedad la cosa estaría más en un par de décadas sin tregua para lo que nos ocupa o se viene a referir (y "casi nada", igualmente, vaya), creo que la cosa se puede optimizar (o me hago "un Cortés", y me legitimo yo solo sin pedir permiso ni rendir mayor explicación a nadie) con ese cuarto siglo que tan recurrentemente (siempre, en verdad) apunto. O mejor aún, qué narices, sean a la postre veinte o veinticinco... Volvamos a los "sin parangones" (de los que te dije) en el medio artístico que procede, y su historia toda ella. Que eso no cambia,no.


Más cosas... "Todo el cine de Woody Allen es igual"; "Siempre hace la misma película"; o, directamente, "No me gusta  Woody Allen" (que está muy bien por que les soluciona la vida del todo a sus numerosos, hoy llamados, "haters" -que los hay por sistema, por si poco fuera-); etc. A ver, más allá de datos biográficos mil con su singladura/carrera que arrojar al tapete, las influencias de Allen (Bergman, Groucho, Fellini, etc.) están ahí de forma preclara y además él nunca las ha escondido precisamente. Que merced a ello, y por contra, acabó por generar un estilo propio, más allá de cualquier debate, es otra. Y, en base a eso último precisamente, resulta que aún habitando en las antípodas galácticas de quien suscribe por lo tocante a gustos cinematográficos, és por lo que de entre esos "sentenciadores", que aducen fraseos entrecomillados como los del inicio de párrafo, a los únicos que (sinceramente) podría llegar a exonerar sin multa alguna a  pagar son a los del tercer grupo/sentencia (si algo no gusta, pues no gusta y punto por azúcar o sal se le eche... y una gran pena para el caso nos ocupa según lo entiende uno pero, si, faltaría menos y estaríamos buenos, a la vez y vaya). Porque, que aquí se quería llegar: "la misma película" (?), "todo el cine igual" (??)... Miren, se lo pongo bien fácil a éstas buenas gentes de dios: y unos cojones, oigan. Woody Allen ha hecho mucha comedia, si... y drama, y cine histórico (en clave cómica), y hasta sci-fi (ídem de lo anterior, pero igualmente en ambos casos)... Se ha paseado por el noir, por el falso documental (hasta tres veces !), ha homenajeado al expresionismo lo mismo que al neorrealismo en unos ejercicios de estilo plenos y del caerse, sabiendo implementar su sello sin que rechine un ápice el cocido (y obviando para la ocasión a las influencias que antes se mentaban, ni qué decir)... joder, aquellos que conozcan "Una partida de campo" de Renoir de los 30's y después visualicen "El sueño sexual..." no pueden sino reconocer y aplaudir  a un erudito bestial del arte nos ocupa... Las fábulas de Cairos y Afroditas, se ha acercado a mafiosos y hasta a musicales (con dispar, sino contraria, efectividad, pero ahí queda ello igualmente)... y/o, ¿cuánta nostalgia encuentran los fans de Truffaut en Danny Rose o  en aquellos Radios Days?... No "más cosas" , que escribía hace un rato, no. Muchas. Vale, de acuerdo, no ha hecho ningún peplum, o western, o slasher, o alguna de submarinos... Pero, vaya, no jodamos ni seamos absurdos por el placer de serlo, hombre. Sumemos ahora el embalaje musical... Quién coño puede pagar el buen gusto y ese engastar las piezas donde se suele hacer por parte de éste hombre. ¿Fotografías?, ¿movimientos de cámara?, ¿dominios de campo?... De verdad que, sin más, nos aburrimos todos si nos ponemos a contar la variedad de palos a la sazón dispuestos por este tipo. Y eso sin contar "cucamonas" puntuales que de eso también va fino: desde la "colisión de mundos" en La Rosa, hasta Williams desenfocado, pasando por el monumento a la pericia visual de "Zelig" y sin obviar, jamás de los jamases, la exhibición de esos parajes que resultará siempre "Annie Hall" y su metalenguaje explicito, sea mirando directamente a cámara o, cómo no, en uno de los diálogos más brillantes nunca vistos on screen que tiran la cuarta, la quinta, la sexta pared y hasta el edificio entero (subtítulos mediante, claro y que ya es historia ello). Además, qué cojones, el arranque de película que más me gusta de todo el cine que haya visto jamás en la puta vida ésta, corre por cuenta de este hombre. Y su "Manhattan", ni qué decir.


En resumen postrero... A Allen no se le perdona, aún entre sus simpatizantes, dos cosas muy señaladas: la ya indiscutible bajada general de su cine "post-Harry" y, claro, su desmedida e innegociable profusión anual. Lo triste, por eso, lo realmente jodido de asimilar es que cuando éste cineasta ya no esté, es posible que aquellos amantes del cine que llevan escupiéndole tanto tiempo en su declive reparen al fin, y para su horror, en la barbaridad que le debemos a éste hombre y su arte... Lubitsch, Keaton, Groucho, Capra, Bergman, Fellini... Ya hace muchos lustros que Allen se sienta a esa mesa con propiedad plena y total (mucha más que cualquier compañero generacional, exacto o aproximado en cronologías, ya puestos y en cualquier caso). Ningún cineasta le tose en número de referencias indeleblemente unidas al "buen cine" desde el último medio siglo de cine (esto es así por rimbombante y tremendista resulte) y, finalmente: si si, ok, solo son pelis de "el soltero, los judíos y el psicoanálisis"... Y, por supuesto, Ford solo hacía pelis de tiros, y Kurosawa de espadotes, y ya puestos -qué narices-, el Hitchcock de las narices no era sino un orondo salido con dos cursillos del Ceac de fotografía, y Welles un listillo que camuflaba en tecnicismos visuales su falta de construcción narrativa, Hawks solo sabía encerrar a gente en sitios (ni qué decir), Ozu no cambiaba de secuencia porque no sabía el pobre (que por eso le gustaba trabajar con gente mayor, porque se mueven menos y tal, si), a Tarkovski le gustaba filmar de lejos por la presbicia y, cómo no, los planos fijos omniscientes de Lang es porque se dormía tras la cámara de la curda llevaba siempre el cabrón... Ah, y el peor de todos Fellini, si, que solo acumulaba actores en marco para hacer bulto, el canalla. Y aunque, no se dude, así nos estaríamos un buen rato aún, a fin de dar carpetazo final (ahora ya sí de verdad): de acuerdo, ok, increpemos todos a Allen por lo que sea de su cine de cuño más reciente (no problem), pero (y ésta es mi opinión en definitiva), no olvidemos nunca que hablamos o tratamos, pura y duramente, de historia viva del Cine. Así, en mayúscula. Al nivel de cualquier nombre propio -o muy poco menos- de los también mentados (y demás de similar pelaje) en éste mismo y último párrafo. Y, ojo -que ya al fin me atrevo con todo-, superando incluso por obra y legado a algunos de ellos, visto hoy en mayor y más justa perspectiva. Un genio, único e irrepetible. Sin más. Y aunque esté vivo. 

viernes, 19 de agosto de 2016

RECAUCHUTANDO DESDE EL EXILIO: #6. Poetas e inmaculados.



“Venimos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí un tiro en el culo, por maricón."

Esto nos explica la historia que afirmó el chófer del vehículo, jactándose el hijo de la grandísima, que llevó a uno de los mayores genios artísticos que ha dado el país, de arriba a abajo y de izquierda a derecha, al paredón. Sea como fuere, por maldad y mezquindad habida o por haber que medre y medie en el orbe, la obra y arte del granadino sigue y seguirá hasta los end times figurando como inextinguible fuente de inspiración para un ingente incontable (en cantidad y variedad, además)... Está claro, cómo no. Me recuerda ello las famosas palabras de Kubrick, en los primeros 70's y a fin de defender del alubión de crítica negativa su conocida revisión de la cítrica novela de Burguess: "venimos de simios armados, no de ángeles caídos (...), por ello lo que debe sorprendernos en la especie no es cuan bajo hemos caído sino, más bien, ha qué altura nos hemos elevado". Y, acabando de encuadrar el tema y por supuesto, tanto se elevó Lorca que, puestos a inspirar, sirvió -por ejemplo- como principal efecto detonador creativo para este "mudo poeta" de hoy con el que, medio siglo después del horrible crimen explicado, se descolgaran los Immaculate Fools.


Mediados de los 80's, contando diez añitos su humilde servidor, me cae en las manos el disco aquel de "hits" de la época titulado "Soy increible" (increible selección, por cierto y sin duda, que mezclaba sin vergüenza alguna a -por ej.- Level 42 y Communards con Lloyd Cole y los Style Council, quedándose tan ancha en el proceso... cosas de los ochentas, sí). En dicho artefacto aparece "Hearts of fortune", la canción que da título al estreno de los Immaculate del 85 (que, señores de Allmusic, el primero no fue "Dumb poet"... a ver si nos fijamos un algo, caray)... Para no alargar: fascinación inmediata desde entonces y hasta el fin, ya les digo. Podríamos perdernos en tópicos de a granel un rato sobre cuestiones como que el sonido de la banda, para ubicar de primeras (de ser menester), resulta un medio camino entre Echo y Psychedelic con la sombra "big music" de las primeras obras de Mike Scott y cia de evidente telón de fondo...Pero ello me resulta frío, sesudo y también desalmado. La verdad. El hostiazo que me resultó el registro de Kevin Weatherill por vez primera será siempre recordado como plena epifanía para quien escribe. Por supuesto, para quien quiera información con la bio del grupo no tiene más que marcarse un breve paseo por las webs... De hecho se lo aconsejo, dada mi casi nula capacidad objetiva para con esta formación (son muchos años y aunque a día de hoy tenga bastantes cosas por delante en el "top particular" pocas bandas me gustan, sin haberlo dejado de hacer nunca, desde hace tanto, ruego se me entienda). Basta decir, sere breve, que se formó en el primer lustro ochentero por dos parejas de hermanos (los Weatherill y los Ross), que pegaron con especial fuerza en nuestro país (quizá de ahí el tan pronunciado tirón de la banda -sobretodo por parte de su líder- para con nuestra geografía e historia), que tuvieron sus breves momentos de gloria a consecuencia del estreno y del disco de hoy (más algún single concreto de los dos álbumes que sucederán) codeándose con diox y su madre en esta parte más esplondorosa de su ínterin vital como banda para, finalmente, caer en esa especie de limbo extraño donde recalan las "bandas de culto"... Ya saben: adorada a rabiar por un puñado contado de fieles, más bien ignorada a nivel general y, por supuesto, con la certeza de que (tarde o temprano) alguien de mode les sacará del cajón del olvido y serán reivindicados (al fin y de una puta vez) hasta la saciedad cuando ello, obvio, ya les sirva de más bien poco... Que hay mucho más, desde luego, pero vamos mejor ya con el disco (discazo), sí.  

Antes de nada, como casi siempre en estos casos, refiero que el temario a tratar será el de la versión original analógica... Y ojo con esto, que existe un "best of" digital como bastante sandunguero con la misma cover directamente (con un par... de neuronas, sí) que no es sino el mismo disco con un par de temas añadidos... Chapuzón del quince, por supuesto: ni es un "best of" como procede, ni es el "Dumb poet" con la sucesión de temas en que fuera ideado. Sin más, Cara A, primera canción: "Never give less than everything"... Que nunca se te ocurra dar menos que todo (que cada esquina que gires será tan brillante como un broche nuevo)... Eso y más que nos suelta Kevin, con ese masticar las palabras tan característico suyo. Tremenda apertura de expansivo planteamiento que, no quepa duda, a pesar de ello planta ya de inicio esa bandera de rabiosa y preciosista  nostalgia heredada -también- del postpunkeo que les toca por generación y procedencia (que semos del mismo Kent, oigan). Tremendo lo de: "siempre hacemos daño a los que amamos y supongo que así seguiremos...  quizá es hora de un cambio, o de tragarnos esa amarga píldora". Esa mezcla de resignación, de tomar conciencia lo miserable que se és, en contrapunto al entonar del cantante y la vitalidad instrumental es de traca (ir de depresivo por la vida puede molar a alguien -por lo menos a veces- pero, al fin, ya está... se asume y para adelante, oiga). La sigue "Tragic comedy", another single y más "alegría huertera"... La sombra del poeta  asoma durante todo el disco (aún sin comparaciones, está claro -imposible en las formas, evidente, pero con afilada intención-) y aquí se va directo al hueso... No es "Dumb poet" un disco de "historietas" sin más, no. Detrás de tan preciosa melodía, con ese carismático inicio de los que se te quedan forever ("se que es una broma, otro juego, algo de diversión puede aliviar el dolor"), hay una fatal certeza de ruptura, de "hasta aquí hemos llegado"... Comedia, -algo ligero- que es lo más que me puedo acercar ya a tí... hasta que llegamos al "isn't funny anymore" y se le suma el otro concepto del título para acabar de remachar el tema... Y con lo preciosa que es la melodía. No tienen compasión que valga este cuarteto de cabrones, no. Sigue horadando en la agonía "One minute". Agonía en lyrics siempre, cuidado ahí. Pues aquí el ritmo ya se dispara y, en verdad, encontramos la más vivaracha tonada (de la mano con la penúltima parada del viaje) del lote. Pero claro: ni un minuto que admitiremos ya que nos hagan esperar... y "¿qué vas a hacer?" que es la pregunta... La moneda está en el aire y con las ganas que nos quedamos de saber cómo acaba el folletín, por supuesto (si es la resolución postrera a la tragicomedia anterior o si, por contra, del mismo ultimatum se destila esperanza no es sino el tópico de vasos medio llenos/vacios para el significar que quien toque contemple/escuche quiera otorgar). Eso sí, esa irresolución no nos hiere en exceso, como espectadores del teatrillo que somos... Entra ya la maravillosa "Dumb poet" -la canción-, media docena de los minutos pop-rockeros más emblemáticos y necesarios de la década donde habita. Así de burra es la cosa (vaya a modo ejemplo que -para mi- por pasarse, hasta se pasa por el cerro a la misma "Killing moon"... Y no aburriré ahora al personal con lo fans que soy del puñetero "Ocean rain" de Echo -me respiren aliviados-). Maravillosa, emocionante, parábola con los pensamientos del poeta (y a estas alturas supongo que ya está demás el referir que el disco está directa/abiertamente dedicado a la figura de Lorca). Para bajar del cielo, sigamos, Kevin nos cierra el primer acto acústica en ristre (aunque aplausos también para el tenue pero preciso acompañamiento) con esta hermosa oda a la soledad/abandono que responde por "So much here"..."Demasiado aquí que me recuerda a tí"... Y, hala, a rebozarse en el tema. Es además la track más corta del álbum y por ello, está claro, ni da ni presta tiempo a contemplaciones desde su devastadora y directa letra.


Para abrir la otra side del disco los Immaculate nos enseñan, al fin, que en verdad no son tan cabrones o, mejor (o peor, como prefieran), amargados de la vida... Tras tanta oda al abandono, rupturas y soledades, dejan salir por fin el sol (tanto en lyrics como en melodía) con esta "Wish you were here" que tanto tiene que ver con el clásico de Pink Floyd como con "La chatunga" (nadie se haga lios a priori con covers que no existen y tal). El momento a la añoranza que es  nostalgia más que agonía, por esta vez, lo mismo que el canto british proud  por excelencia del disco... "The weather is fine, here in England", que hasta sueltan los tíos por ahí en medio sin el menor atisbo de problema... A su vez "Don't drive the hope from my heart", eso sí, no engaña a nadie desde su tan directo título... Y poco duró la tregua, vaya. Aquí ya se pasa, directamente, al ruego sin cortapisa ni subterfugio retórico a mediar... Y qué difícil me ha resultado siempre entender que el mamón diga lo de "impotente para siempre" y según como hasta suene alegre...Y atención con la instrumentación del tema aquí también que, por injusticias varias producto del tan peculiar y ubicable registro del singer que lo suele eclipsar todo, se demuestra por enésima que los otros tres no vendrían siendo precisamente atrezzo... En especial Andy Ross, haciendo bueno el tópico recurrente ese del rock por el que la supremacía en una rock band frecuentemente queda supeditada a un mirar quién la tiene más gorda entre el lead vocals y el lead guitars (para el caso, ciertamente, baste explicar que tras este disco los Ross dejarían la banda). Cancionaca enorme esta "Pretty prize now", ya empezando la curva de recta final, con el cabalgar del bajo omnipresente de Paul, el breve pasaje dream pop, el re-arranque  guitarrero... y de nuevo esos paisajes sónico-expansivos, vaya ... Cuando se ponen de esta guisa me los imagino siempre tocando en una gran extensión natural al pie de unas montañas incluso -puro "Doctor en Alaska", oiga-, y disfrutando uno cual berraco del reverberar de esta música ya en un modo extremo... Mi canción predilecta, tras lo evidente del tema de cabecera, es algo que hace como un cuarto de siglo que no tengo nada claro, se admite, pero (claramente) esta tiene varios boletos... lo mismo que la que sigue, faltaría. Es tal el sangrar de la pieza final "Stay away", obviando su inicio de puro "Closer", la preciosura total de la spanish guitar de Andy por ahí en medio o su épica dream pop posterior, que uno ya no sabe si es la separación definitiva de tanto de lo que precede en el disco, una petición expresa para protagonizar un entierro vikingo o, ya puestos, la canción pro-eutanasia más hermosa registrada (si me permiten les confesaré que esta última opción es siempre la que más me llena... y me da igual las puntualizaciones pertinentes ya que me agarro a eso -porque me conviene, sí- de que en última instancia el arte se siente más que se explica). 

domingo, 14 de agosto de 2016

TOM WAITS - "Alice" (2002)


Tras unos 70's Y 80's donde asienta una de las carreras más oscuramente atrayentes, lo mismo que más sangrantamente preciosas,  nos ha deparado la música contemporánea, fácil era de suponer en 2002, desde una perspectiva ya pura y duramente neomilenaria, que el  talento del famoso alter de Thomas Alan Waits había tocado ya techo en algún punto del camino (y de imposible convenir global, además, dada la magnificencia del opus en cuestión). Lo único pues, en base a todo ello, que nos quedaba a todos no era sino un esperar algún esporádico eco, algún áureo chispazo aislado, del deslumbrante pasado, en toda y cualquier obra que su futuro (el futuro artístico del de Pomona) nos llegase a deparar... Sí, el debate, goloso e irresoluble, estaba ya servido entonces, y desde mucho antes en realidad: que si el estreno es tan bueno como "Sword..." sino mejor, que si tal o cual otro está infravalorado (o justo al revés), si era/es todo ello (esa clase de encuestas y/o cábalas) una pérdida de tiempo gratuita y plena desde el momento que existe un prodigio como "Rain dogs"... O "Franks..."... o... Lo que se quiera. Y fantástico, si. Perfecto todo. Solo una cosa, el matiz, de que al final, pero al final de todo y en resumen, veníamos y venimos a tratar sobre un genio. Y los genios tienen una curiosa tendencia a hacer genialidades de vez en cuando... Y es ahí donde, por fin, dejan en evidencia a todo pontificador, -profesional u aficionado-, se cruce. Y el mundo es entonces un lugar significativamente mejor. Al menos durante unos breves instantes.

En el último año del pasado milenio, acabándose ya una década muy marcadamente inferior a todo lo que precedía en cuanto a su obra de estudio ("Bone machine" del 92 y muy poco más -y aún por magnífico nos resulte a algunos ese disco-) y mucho más que seguramente debido ello a su colateral carrera como actor (especialmente prolífica en el apuntado decenio), nos aparecía aquel "Mule variations". El regreso (al fin) pleno de Waits tras siete temporadas de devaneos toscos y/o nada preclaros en lo musical. Obra incómoda y áspera por momentos (y aunque tan fácilmente adivinable resultara ello, más visto ahora en perspectiva) que incluía, en cualquier caso, prácticamente todo el carrusel de modos y posibilidades del autor. La continuación espuria de "Bone", que a su vez era la continuación espuria de la sacrosanta trilogía 83-87, que a su vez fue la continuación espuria del díptico "Valentine-Heartattack", que... En síntesis: la montaña sigue creciendo y venga una de palmadillas en hombros para socios y simpatizantes todos con la causa "pomoniense"... Solo un pesar (eso si) en el todo resultante, la china en el zapato: y es que aunque "mule", como ocurre con el disco del 92 -y retrotrayéndonos al inicio del primer párrafo en significantes-, sea una obra a atesorar (y notable perse), no nos deja de resultar a muchos algo así como el "pupurrí-tipo de estilo Waits, marca registrada"... Un disco (nadie se confunda) que no meramente "mola" por ser de quien és y sonar como suena, desde luego, sino que esconde en su seno una apreciable colección de callejones oscuros que, de improviso, se ponen a brillar repentinamente para iluminar la ausencia de luz más luctuosa y amenazante, sin poderse evitar ello de ninguna de las maneras... Pero también, ay, ojo, un disco que pareciera realizado en "auto pilot" por el genio desde su concepción de base, un disco que no nos deja de resultar a unos cuantos (de esos "muchos" que decía) algo así como un reflejo menor y no tan descomunal/absoluto como lo ya tan conocido (y querido) desde aquel ya apuntado e irrepetible tríptico ochentero "sword-rain-franks" (desde cualquiera de sus partes, además y ni qué decir). Por todo ello, ya en ese 2002, aplaudí de nuevo, obviamente y  sin reservas, la nueva remesa que el eterno granuja nos deparaba: "Blood money". Que resultaba, sin pacatería medie, tan cojonudo como "Bone" y "Mule": una nueva batería de temas bien sujetos, gloriosamente anclados, en lo esperado y ansiado por su parte que, aunque exento ello de esa alquimía tan única lograda en el pasado, sí nos evidenciaba el resurgimiento, y ya ahora firmemente contrastado, de tan necesario ente creativo... Lo que uno no sospechaba en absoluto, por ser así de pollino o lo que fuere, es que el otro disco aparecido también en esa primavera del mismo año, y que denosté de primeras en su momento (no hay tiempo para todo y, por información previa del cómo fueran fraguados uno y otro, opté por "la pasta sangrienta" como novedad), sería con el tiempo el que cerraría mi top-5 histórico del músico. Un músico que, siempre para mi y sin duda se me cruce, es junto a Costello el último grande, -pero grande de los de verdad-, en la historia rockera de entre los que firman en solitario. La ya aquí más que recurrentemente apuntada trilogía ochentera y el siempre emocionante estreno tenían ya, al fin, una nueva y flagrante compañera de juegos: "Alice". 

Será por esa alma bastarda, noctámbula y canalla que le hermana al mismísimo Bukowski, o será por aquel vagabundeo como puro way of life con que tanto le fascinaron los beats (a saber) pero, sin duda, que bien le sienta siempre a Waits el poso literario... Tampoco es que haya mucha duda de ello, claro... de hecho, a poco se miren un algo tantas y tantas de sus lyrics, supura de obviedad el tema para ir más allá y caerse irremediablemente de morros en el cocido de lo puro tautológico. Sea como fuere, "Alice" se cocina en los muy primeros 90's (de ahí, por lo mal entendido desde la más militante ignorancia del concepto "refrito", que me quedara con el otro -que paradójicamente también fuera creado, y con unas premisas muy parecidas, bastante antes de su "puesta de largo"... aunque esto lo supe después, claro-), y forma, íntegramente, parte de una  pieza teatral homónima dirigida por el dramaturgo Robert Wilson y con temas co-escritos principalmente junto a su esposa -la de Waits- Kathleen Breenan (y ya puestos, hace muchos años me consta procede el todo de una obra teatral noventera pero, ni qué decir, la condición de dicha "co-escritura" de canciones junto a su compañera sentimental de siempre -o poco menos-, así como el nombre del dramaturgo en cuestión, lo sé desde hace un rato... que lo he mirado en la wikipedia y tal). "Alice", por temática, gira en torno a la persona de la "niña real" que inspiró a Lewis Carroll para crear su famosa y tan conocida fábula literaria... Ello, ese girar fantasías y realidades (con el plus añadido de la fama Carroll de estar, y por decirlo de una forma sensiblemente prosaica,  como una puta cabra), le da a Waits el combustible genérico necesario para fundir en viñetas, ora abstractas ora explícitas, el embalaje sonoro de la pieza teatral y de paso, por supuesto y con el tiempo, la maravilla de álbum que reza en título para esta entrada de hoy. 

Tras todo lo vertido ya solo queda, finalmente, la "nadería" de enfrentarnos a un temario que es diamante puro (y perfecto). Del hielo que se hunde bajo los pies al escribir el nombre patinando encima para el nostálgico tema de apertura ("Alice", claro), o la fácil e inmediata extrapolación de cierta parte del cuento con lo de "We're all mad here", pasando por el ensoñador recitar ya directo y sin ambages de "Watch her dissapear" y/o llegando al jazz ebrio y desgarrado, secuestrado sin miramientos desde tiempos remotos, en "Table top Joe"... Todo ello se retuerce y brilla para emerger de forma plena en "Alice"... Pero es que hay más, tanto más... Pues en verdad hay más temas "diferentes" o "alocados" (como pueda resultar esa última "table...", que, mayormente por esa premisa inicial del "cuento" -que envuelve de forma etérea y constante el todo-, tan bien funcionan y encajan aquí), todavía no referí el principal activo que otorgan a ésta "obra de arte" el ganarse a pies juntillas esas diez letras y dos espacios: el dispendio tan ingente de canciones simple y llanamente emocionantes en las que zambullirse. Y, atención, sea ello entendido bajo los modos y maneras de sus primeros dos elepés, como desde las maneras y modos de su tan celebrado periplo mid-80's... Pues qué mácula, qué impureza, puede extraer nadie de barbaridades como "No one knows i'm gone", "I'm still here", "Flower's grave" o  "Lost in the Harbour"... Escalofríos cualquiera de ellas. Y además los impagables lamentos de puro "swordfish" en "Fish & bird" y "Poor Edward"... O esa despedida con "Barcarolle" antecediendo al ténue, mínimo, fade out instrumental para el último adiós en "Fawn"... Demasiado talento, músico y disco. No se me ocurre como rematar mejor el asunto. Quizá solo reiterar, ya por último y al cierre, lo de que: "los genios tienen una curiosa tendencia a hacer genialidades de vez en cuando"...  Y ahí es donde duerme "Alice" por las noches, bajo un cielo que no tiene bastantes estrellitas, de esas que tanto gustan a críticos y sucedáneos, para puntuar y ponderar justamente, jamás de los jamases, sus incontables bondades.