lunes, 14 de agosto de 2017

MALDITOS "FRIQUIS" !!

Hay un momento puntual. Siempre lo hay. Y el culpable, por encima de cualquier otro es sin duda alguna Steven Spielberg. Con el compadrismo y aquiescencia ulterior de su amigo galáctico Lucas, que debe ello matizarse perentoriamente por no quedar otra. Y esto de hoy no es sino la historia, sin cinturón ni protección lateral de carretera que medie, del auge del llamado "friqui" y la destrucción (o poco menos) del "aficionado amateur" de este maravilloso arte del Cine y su grandísima historia. 


Definamos ahora, cuanto antes, a ese "aficionado amateur". Esa persona (o personaje) enamorada del medio que, primordial ello, oscila desde "el enterao estándar de sobremesa" hasta "el puto enfermo que vendió a su familia por  una lente que utilizó una vez Dreyer, borracho perdido y para filmarse el culo estando de carnaval". Un juego de horquillas bien separadas, sin duda, en el que miles y miles nos encabemos en mayor o menor (o diferente) modo y gracia. Y qué bonito (yendo a la generación que toca en esta casa) ir creciendo con ese cine europeo o/y asiático de los 90, abrazando también ese cine "distinto" que algunos autores del "otro lado charquero" acababan de madurar o con el que, sencillamente, te sorprendían sin poderse remediar ni previo aviso. Desde ahí, claro, a buscarse un sillón de oreja cómodo, el retrovisor a juego más cojonudo y, venga, ancha es Castilla para ponerse a devorar con fruición toda la historia previa posible del chiringuito donde, por supuesto, habita el grueso de la mayor grandeza que el arte en cuestión ha sido capaz de ofertar desde la segunda década del pasado siglo y en adelante. Pero, ay qué ahora lo sabemos, ya nos habían matado bastante antes y, gran putada, sin tener de ello consciencia.

Las circunstancias, las putas circunstancias (docúmentense más si quieren o les apetece -o no-, que esto no es la wikipedia), hicieron que a Spielberg le saliera un film muuuy por encima de sus posibilidades reales como transmisor natural de emociones (lo que sabe -o le sale- hacer a un autor de verdad de forma intrínseca y natural, sin efectismos ni postizos que idiotizan al espectador, sea o no éste consciente y que le son tan propios al barbudo cineasta en cuestión cuando trata de abarcar drama alguno en cualesquiera de sus obras). La película: "Jaws", por supuesto. El niño se encerró por completo en que había que rodar en alta mar, con tiburones de juguete que fallaban cada dos por lo que se quiera, sangrando económicamente lo nunca escrito la producción y generando en más de una ocasión la posibilidad de que aquello se abortase de forma fulminante por las entonces muy predecibles pérdidas (hasta pegó alguna espantá "el Rey Midas" amenazando de marcharse con lo puesto en pleno rodaje). Claro, nos hubieramos perdido un film realmente cojonudo, las cosas como son. Pero, atención, en cierto aspecto quizá (recalco "quizá") nos hubiera ido a todos mucho -muchísimo- mejor. Empezando por el propio"arte" en cuestión (a la industria no, jamás y por supuesto, pero eso ya es otra cuestión). Estas circunstancias, anunciadas y sugeridas, y otras hicieron que el guión (de incontables padres empezando por el propio Benchley, autor de la novela) tuviera que ser reescrito varias veces durante el rodaje, aparcando -por imposibles- escenas de lucha marina, persecuciones y fx por doquier como -obvio- sería más del gusto "spielbergiano", y dando así mucha mayor presencia a los diálogos (en importante medida improvisados por los propios actores), creando en el proceso los mejores momentos del film y de largo (los de interacción entre navegantes, para entendernos). 


Y fue así, querid@s, como Spielberg fundó su imperio, con atronadores aplausos en la grada de un millón de gerifaltes de Hollywood, que aún hoy siguen sentados contando ceros y más ceros sobre sus posiblemente gigantescas posaderas fraguadas a lomos del famoso escualo y sus descendientes (y no me refiero a las horribles secuelas directas, que creo se entiende bien la cosa). Construyendo, con un accidente de causa y casualidad altamente improbable mediante, un film que era abrazado desde los dos flancos de aquello tan rancio del "arte mayor/menor". "Jaws" barría lo indecible en taquilla con la contribución inestimable del tipo de público que atiborra hoy las salas para deleitarse con  "obras" del calibre de "Transformers 4" o "Fast and furious 7", y a la vez, era abrazada por los eruditos varios (y de muy distinto pelaje las veces ) que se llenaban la boca y las plumas comparando el film con las mismísimas aves de Sir Alfred (así, hale, apenas estrenado el asunto y con dos bien gordos de lo suyo). Y, ruego mucha atención, no media esnobismo alguno en el planteamiento. Muchas veces se pueden cruzar y separar sendos volantes de base tan ricamente y los ejemplos son más que ingentes, por lo que ni me arranco con ejemplo alguno: un gran presupuesto no es sinónimo de basura por defecto ni mucho menos y, de la misma forma, una etiqueta "de autor" no garantiza una buena película. Perse, incluso y si quieren. Pero, para el caso nos ocupa, entre "Tiburón" y las ulteriores "Star Wars" del amigo Lucas como que se nos jode un poco bastante el invento...  Antes de cambiar de párrafo y ya puestos: ¿en qué momento esa saga de Lucas pasó de ser un film de aventuras generacional -apreciable o recordado con cariño pero, sin más básicamente- a un "ícono cultural" intocable y de facto?. Poco a poco ya nos íremos acercando de nuevo al título del texto, si, paciencia por favor.


Spielberg es un magnífico director de aventuras (y potencialmente de musicales). Y eso soy el primero en no debatirlo jamás (otra cosa es que aún en ese terreno -el suyo a priori- haya cometido fechorías de arresto domiciliario como el zurullo con ojos marciano del teléfono, lo de los dinosaurios o la barrabasada insultante a costa del Capitán Garfio). Ahí están los Indis ochenteros, el propio "Tiburón", y en menor medida cosas avezadas a la ligereza ("1941", "Atrápame si puedes" o "Tintín") donde ahí sí cuela y tan ricamente -por los factores "levedad" y "espectáculo"- su acostumbrada artificialidad llegada la hora de generar emociones. Pero, por supuesto, money is money, y el pastizal que puso en los bolsillos de tanta gente este señor le facilitó un cheque en blanco a todos los niveles y en vitalicio. Da igual eso que comentaba en algún otro lugar (no hace tanto), de que solo le falta poner cartelones en sus "films dramáticos" que recen on screen: "ahora llorar", "ahora reír", "ahora emocionarse"... De verdad que siempre que me cruzo con cosas como "El color púrpura", "El imperio del sol", "La lista de Schindler" o "Amistad" (etc) tengo la sensación de que me están tomando por imbécil. Se lo prometo a todos. Pero nada que hacer. Esos films fueron promocionados, difundidos y presentados (y así han quedado en cierta medida para la historia, para mayor incongruencia) como puras "masterpieces" del cine desde su misma génesis, antes del minuto cero de rodaje incluso. Porque, simple y llanamente, son suyos. ¿Qué son una mierda?. Por supuesto que lo son y mucho... Sobreafectados, jugando a construir "unidades de información" por todas partes para darlo todo remasticado, innecesariamente sobreproducidos y/o denodadamente bien envueltos (que no falte la genialidad de Williams de turno, por ejemplo rápido), etc, que no note nadie que el regalo en cuestión no és sino otro maldito par de calcetines, vaya. ¿Realmente alguien que ame este medio/arte se toma en serio una comparativa entre la borbotónica intro de videogame del Soldado Ryan con la sabiduría y experiencia visual de la línea roja de todo un señor Malick?. Salieron a la vez... Y las comparaban !  (claro qué sí, todo es lo mismo ya). La premisa de base es tan dura como que, y esto es tal cual, Spielberg entiende el cine como "algo a vender", sin más y  de alfas a omegas. Fin del misterio. Y esa premisa se la lleva a género se le cruce, por supuesto y sin rubor alguno. Total ya es "obra maestra" de base por llevar su nombre...  El cine ha de parecer bueno, ya le vale con eso (fotografía impoluta, soundtrack original de campanillas y elenco de buen ver en cartelón -¿el guión?, eso ya no existe, ahora son "manuales" y además ya no le importa a nadie, no jodas niño-), no tiene porque serlo ni mucho menos ("de hecho ya no se dan ni cuenta", se adivina fácil al gurú de turno de "gran estudio", afirmándolo jocoso Montecristo en ristre). Y así estamos, en plena vorágine de meros funcionarios como Shyamalans, Nolans o Boyles (y los que vendrán) aupados a "genios" que nos calza el cine del último cuarto siglo. Bravo. Además la cosa se contagia y todo, pareciera (fíjense en el P.T. Anderson de las magníficas "Boogie Nights" y "Magnolia" abrazando después sin reservas lo esteta sin contenido por montera con aquella del Day Lewis de los pozos o, coño y caray, hasta todo un Jarmusch cayendo en la misma trampa y marcándose un "Lost in translation" por la curra con el coñazo aquel de la "Flores rotas"). Pero es que, dita sea, la cosa va aún a más (y no a mejor precisamente, ya adelanto, para nosotros pobres y obsoletos "enteraos" de otro tiempo).

Ya en clave neomilenaria el público que quiere "algo más" se ha ido o está yendo a las HBO y/o Netflix  (que ya directa y últimamente se autofinancian las pelis con actores y cineastas de renombre de por medio). El cine de hoy, así en general, ya no se lo da o apenas, claro. Y ya hace mucho que dura (más de lo que parece en realidad). Es cuando por birlibirloque se refiere el personal, de repente y porqué sí, como "obra maestra" a films como los firmados por el trío del párrafo anterior y/o similares. Ello, ni qué decir, es además y por pura causa efecto como atarle un yunque al cuello a la evolución del arte y tirarla desde el puente más cercano.¿Quién pierde?... El "enterao", claro. El que se reía hasta entonces de la acepción de "cine" que tenían los fans "transformeros" de este mundo, lo mismo que "los del otro lado",  los que se mojaron el pañal con toda la tontuna aquella del dogma (por ejemplo rápido). El "enterao" (da igual el grado o clasificación ) de repente se ve apartado con los segundos de los anteriormente descritos y tiene que platicar en redes varias con fanes de Solondz y la Coppola, que hasta los ves mentalmente con su gin-tonic de fresa delante el ordenador y mal rayo se les cruce en oblicuo. ¿Y por qué?... Porque ese estrato que antes, por derecho o no, era nuestro ya es desde hace bastante del llamado -puto- "freakie". En efecto. Ese tipo de gente que ha elevado (porqué sí y de un tiempo a esta parte) a lo máximo a Batmans, Anillos, Galaxias, Burtons, Bournes y la madre que los parió a todos, con sus muñequitos y sus ansias de hacer trascender hasta el teletienda porque, obvio, tampoco les pidas según qué. Y de acuerdo que está bien que exista, el entretenimiento por el entretenimiento, me refiero. También es necesario y debe tener su espacio (faltaría), para no morirnos todos en el lodo de la pseudointelectualidad más recalcitrante y aburrida. El problema es la repercusión, la importancia desproporcionada y falsa que se le otorga al asunto (porque, básicamente, no la tiene y punto -da igual lo mucho que te guste algo como "Origen" o "Trainspotting" -las odio a ambas, por cierto-, nunca fueron ni serán la jodida "Casablanca"... O el jodido "Alien" si prefieren e incluso, o ni siquiera "Matrix" si me apuran). Porque lo tristemente cierto, es que ahora tienes que ir con cuidao no vayas a ofender a alguien que le gusta a rabiar (y que te supermueres) algo que se llama "Los Vengadores 2: la era de Ultrón", a lo que considera una lanza de toque inquebrantable y clavada en todo el mitad de la historia toda del cine... Hay qué joderse. Y claro, no es culpa suya. De esto ellos no tienen ni idea. Han sido manipulados en sus narices, han cogido su pasta y han sido usados como martillo de juez sandunguero mientras pensaban (y piensan) que el cine empieza en Tarantino, o en Scorsese para el más avispado de la cuchipanda,  y antes está solo Chaplin con el baile de las patatas que lo han visto en un documental o algo. Son los agentes (o los nazgul... o los sith) del "cine industria" derrotando ya del todo al "cine arte"... Y todo empezó porque Spielberg tuvo una potra descomunal, de la que supongo y a posteriori (en fueros internos) será hoy perfectamente consciente, en el rodaje de un film (excelente para que la paradoja sea ya completa del todo) en 1974, y que tuvo que presentar/editar de la forma que él no quería plenamente en realidad... Cuánta oferta televisiva, cuántos pocos cines de "los de verdad" que quedan, cuánta mierda en las carteleras a base de precuelas, secuelas, pelis de videojuegos o remakes (etc), y qué ¿guiones?... por diox... ¿Tanto hace en realidad que fuí a ver "Uno de los nuestros", "Corazón Salvaje" o "Balas sobre Broadway", y haciendo cola, a aquel cine tan enorme y bonito con una sola y cojonuda sala?. Muchas gracias Steven. Solo espero, de forma muy mezquina y estúpida (se admite sin problema), eso sí, que al menos alguna te picase al golpear aquel avispero. Y de las más gordas, además... Queda siempre, y eso también, una gota de consuelo, claro: siempre habrá buen cine. De ello nunca me cabrá duda alguna. Aunque sea en muy pequeñas dosis... La putada, en efecto y para terminar, es que nunca habían sido tan "pequeñas" como desde ya hace varios lustros a esta parte. Para todo lo demás, ahí está lo del Filmin.


viernes, 4 de agosto de 2017

THE BIRTHDAY - "Nomad" (2017)

Partamos de la premisa base de que Yusuke Chiba es la persona más brillante, constante e importante del mundo en lo que a garage y punk rock del último cuarto siglo pertoca. Esto es así. Claramente, además. Y no menos diáfano, ojo y para lo que de alguna manera se pretende venir a significar en este texto de hoy, partamos igualmente del hecho que uno es las veces un tarugo de los de tronío (no de champions quizá, ok, pero la uefa os la juego seguro y sin empezar sudar siquiera, querid@s -y con perdón inclusive por el símil futbolero, atendiendo al asco que me da a mi eso desde ya un tiempo muy considerable a esta parte-). 


No creo que, para cualquiera que los pilote un algo, exista la menor duda que Thee Michelle Gun Elephant fueron la banda de guitarras punkie-garageras por antonomasia en la bisagra del anterior milenio al presente. Esto no merece mucha más explicación: el espíritu de la densidad eléctrica "stoogie", la añeja melodia garagera  "flamin'groovera" o la honesta y magnética intesidad "clashera", galopaba por los surcos de los discos de este personal con una libertad y sangre que dejaba en pañales a todo coetáneo que blandiera semejantes armas en aquellos, sus tiempos de máximo esplendor (comparar algo como White Stripes o Strokes -por buscar los ejemplos más fácilmente ubicables de primeras- con TMGE era como, directamente, pretender vender pura mierda como caviar iraní y tal cual que se lo cuento).


Siguiendo (con su permiso) un poco más en clave flashback, resulta que TMGE (para desgracia de no tan pocos como alguien pudiera muy ligeramente suponer) se separan en algún momento del primer lustro neomilenario. Me cago un mucho en la puta (!!), si, pero sigamos... Antes de dicha separación ya se escondía, por entonces y por cierto, cierta sombra en forma de proyectos paralelos del personal (blancos, leches y botellas, si). Siendo, muy claramente además, el más significante y firme esos Rosso con los que Chiba firmaría dos discos, el primero un año antes y el otro uno después de ese 2003, que reza en la historia como el de la disolución oficial de los hacedores de "Gear blues" y "Casanova snake". Además, para los socavadores de pistas y conspiranoicos varios,  Rosso sonaba "sospechosamente" parecido a TMGE (una banda que suena prácticamente igual de la que ya lideras... mmm...¿"pa qué"?), con lo que el polígono se cerraba ya del todo. Los viejos amigos (que por otro lado nunca dejaron de serlo) y miembros fundadores del combo, Yusuke Chiba y Futoshi Abe (o si prefieren: el berreador implacable con puras brasas ardientes en la garganta y el kamikaze despiadado que atacaba las seis cuerdas como si las quisiera desintegrar por pura erosión en cada maldita canción que abordaba), querían "darse espacio", que se dice.  Y todo ello, de la mano con lo que -obviamente- apreciaba y aprecia  uno la obra de dicha banda (y sin olvidar, primordial esto, el "efecto taruguez" ya anteriormente explicado), hizo que, de forma harto estúpida y gratuita, mirara un poco bastante por encima del hombro a ese par de discos bajo la chapa Rosso que se marcara el amigo Yusuke... Discos bien cojonudos, cotejado hoy a posteriori y despojando tontunas personales, por otro lado y ni qué decir. Pero, nooo (faltaría), uno los entendió entonces como "delirio de estrellita", se olvidó así del músico y lo recuperó solo para repetirse de vez en cuando lo bombásticos e inapelables que eran operando bajo el influjo de la inolvidbale y todopoderosa banda madre. Moraleja: si no soy gilipollas ya de facto, resulto a veces algo prácticamente indistinguible. Las cosas como son.

Y es que (sigamos), anda-mira-tú, repasando un día de las últimas navidades este texto propio del Exile Magazine de hace ahora tres añitos, me picó la curiosidad y... Y resulta que el pedazo de cabrón de Chiba se sacó del badajo en 2006 una nueva banda llamada The Birthday, donde también opera el baterista de TMGE, y que (pasado ya medio año desde su descubrimiento por mis partes) puedo afirmar que es la mejor banda de "rock musculoso" surgida en la última década. Y con la misma boina que TMGE me reinó en ese cambio de guardia milenario ya relatado. Así de espectacular es, me resulta a mí vaya, la cosa (el gran Futoshi Abe, que nos dejó en 2009, estaría orgulloso de su colega y mucho). Sin embargo, ay caray, la estulticia duerme siempre con un ojo abierto y, tras empaparme de sus ocho discos de estudio en los últimos tiempos y la medida que ello ha sido posible aqui en el "susio occidente" (en cuentas propias, ya puesto, "I'm just a dog", el estreno "Rollers romantics" y el ahora penúltimo "Blood and love circus", quizá destaquen un plus de más pero, y ni el menor atisbo de duda aquí, a la postre todo es cojonudo y punto) me enteraba hace apenas tres  semanitas que los puñeteros han sacado disco este mismo año, tras tres de silencio. La cosa se llama "Nomad" y me tiene, con perdón por la jerga técnica, con la huevada cruzada sin remisión. Me lo iba a dejar a modo sorpresa para las cuentas finales de discos preferidos de temporada (y por si por ahí me daba llegado el momento), cuya presencia en el top 5 -mínimo- es un hecho incuestionable, pero no es posible. Me ha podido el ansia. Me puede el gritar a los cuatrocientos y un vientos la barbaridad que Chiba (que sigue cantando con la misma bilis y potencia de siempre) y secuaces han conseguido en esta burrada de elepé. Sudoroso, con hedor a gasolina, directo a yugulares y sin cucamonas de producción se crucen ni de lejos... La savia demoledora de TMGE nunca murió (esto me ha quedado más que claro en este tiempo que llevo escuchando a The Birthday), pero "Nomad" va a por todas sin pedir permiso ni dar tregua. Escúchenlo a discreción (a disco y banda). Si se atreven, claro.

jueves, 25 de mayo de 2017

RANDY NEWMAN - "Land of dreams" (1988)


Disco nuevo  de Randy Newman en agosto del año en curso... Así, como si tal cosa, me cruzo hoy con dicho anuncio. Como si fuera un "disco cualquiera" más a sumar a las futuribles novedades inmediatas... Un disco del Sr. Newman es a día presente como si el cielo se abriera de repente y los ángeles (con o sin harpas) dejaran caer un inesperado y dorado presente a la humanidad mientras nos sueltan: "Ahí va eso, cabrones !", para volver a sus celestiales asuntos con la misma inmediatez que aparecieron... Como eso, si. O más incluso.


Para realzar aún más el subidón impagable que me supone la próxima aparición de ésta "Dark matter", me dispongo hoy a "defender" al más controvertido (a la hora de ser defendido ante quien lo requiera y/o de requerirse ello, entiéndase) de sus discos de "estudio estándar"... Curioso por eso y respondiendo a esas últimas comillas, -antes de liarnos con lo que hoy pertoca-, que dicha "materia oscura" no será más que el onceavo studio album en la acepción más clásica de ello y en la carrera del tan sinpar músico (si despejamos de dicha e imprescindible carrera toda la retahíla de soundtracks, songbooks y demás, obvio ello) cuyo arranque debieramos situar, de forma  consensuada, en 1968 y con el disco homónimo. Esto és: cada cuatro años y medio, si obviamos ahora que más de la mitad de esos trabajos se concitan en la primera docena de años, tenemos "nuevo Randy Newman" para solaz, jolgorio y dicha putámica absoluta de un ingente, como poco, bastante considerable ... Algo más que con las Olimpiadas, vaya (aunque en realidad sea mucho, muchísimo, más que las Olimpiadas). Así pues: "Dark matter", primera semana de agosto, la onceava "masterpiece" de once (quien tenga la menor duda de ello no conoce al artista y punto -y con toda la chulería recalcitrante que ello acarrea a cuestas-), el "album of the year" con la boina... y todo lo que le dé la real pura (y/o puta) gana a quien sea y donde sea... Exclamen "amén" incluso y si quieren, que no es para menos. Y,ahora ya sí, para "la tierra de los sueños" que nos vamos... 


"Land of dreams", de 1988 y el octavo de sus "discos normales" (con perdones mil por lo estúpido y somero en la etimología elegida pero así nos entendemos lo más rápido y fácil se me ocurre). Y no, para aquellos que hayan reparado especialmente en el año en cuestion, no se libra siquiera Randy del efecto "esas producciones guarras ochenteras"... Hay algo de sintetizadores, lo mismo que algún que otro efecto de percusión o abuso de producción completamente innecesarios (a sumar, que es restar, la frialdad que destila siempre desde tantos y tantos de esos "trabajos de estudio de la época"). Las cosas como son. Con temas producidos por un Knopfler -sobretodo por él- ya muy alejado de sus años de bonanza (buenos, o hasta muy buenos esporádicamente, Dire Straits para mi hasta el doble directo, pero "sefini", hasta ahí y no más) o, entre otros, un Lynne (el eterno "el otro" de los Wilburys por mucho se quiera o pueda reivindicar -que se puede y bastante, faltaría-) quizá en un ejercicio de firmar la paz desde aquella cachonda/irónica tonada del "Born again" con la ELO de por medio, "Land of dreams" suele verse apartado sin miramientos de un manotazo, cual mosca cojonera que nos sobrevuela la paella, llegada la hora de enumerar los incunables del angelino de nacimiento... Y mala cosa (error garrafal y garrafero a la par) a mi, humilde si se quiere pero devastadoramente asertivo en esto, entender. Y porque como dijo Galadriel: "... pero nada puede con el poder del Anillo". Y aquí el "Anillo", faltaría, es el descomunal talento de Randy Newman a la hora de componer e interpretar sus canciones. Que con ello tocamos hueso siempre -SIEMPRE- e invariablemente. Y aunque eso antes señalado para mal está ahí,-me repito sin problema a mediar-, al final todo el acervo y sabiduría del genio emerge a la postre dado que, como siempre y básicamente: ¿acaso había o hay otra opción?.

... de regreso a la familía y amigos en la tierra de los sueños.

Ya solo el tono autobiográfico, con el regreso a su añorada y querida Lousiana (y bien entrado ya en la cuarentena), de la inicial "Dixie flyer", que el bendito canalla sabe extrapolar al retorno hacía el candor -y lugar- de la niñez cualesquiera (puro Rosebud, directamente), convierte el disco en algo digno de atesorarse por siempre y sin remedio posible. Esto es así. Hay más intención y sentimiento vertidos en esa mera breve introducción (con su inseparable piano mediante, ni qué decir) que en tantos y tantos discos enteros que se nos acaban los dedos en el planeta para poderlos contar. Breves apuntes de steels y mandolinas para rematar y, una vez más, estamos en casa (en la de nuestra niñez, si, pero sobretodo en la de Randy -y a "la casa" que no a la niñez me refiero-). Sigue la complementaria a nivel de "trama" (y aún superior en general) "New Orleans wins the war", donde nos remontamos a bastantes años antes de la anterior pieza... De la exaltación, de la alegría de los recuerdos bisoños rematados a lo grande por el padre que vuelve victorioso de la Guerra, a la deriva del inexplicable ataque de realidad mal asimilada que acomete éste por la imperiosa necesidad posterior de sacar a un niño "atrapado en un lugar donde todo son fiestas y fuegos artificiales" y que corre pues el tan equivocado riesgo de estropearse (se sobreentiende fácil, al no hacer acopio de fe como corresponde con esos "valores" carcundas y rancios tan propios del pensar republicano -old school- de la gran nación)... Cosa que, a sus nueve lustros ya de edad, Randy no ha terminado jamás de entender del todo o eso parece (y de ahi el tono de alegría semi-contenida, aún sin caer nunca en autocompasión se cruce), aunque en su bondad parece acabar aceptando (al hacer recuento, ya tantos años después) el que sirviera de autoengaño, de excusa artera para la huida de su progenitor, de un lugar donde no le dejaban olvidar los ecos del pasado, cosa que imposibilita el ansiado borrón y nueva cuenta hacia un lugar distinto donde, realmente, empezar de nuevo. Y tras tan descomunal díptico de inicio la cosa, el disco, entra en terrenos menos estables (volvemos al affaire de "aquellas producciones", si)... Pero, atención, "menos estables" no tiene porque sinonimizar necesariamente "malos". Y con Randy de por medio (y por supuesto), ni qué decir. Más cuando, por si alguien tiene alguna duda todavía, nos enfrentamos al (para resumir) disco temático de la nostalgia y recuerdos de la niñez y primera juventud de tan singular genio, lo que genera un cierto poso literario que suma lo indecible al, a posteriori, todo conseguido y resultante. Sea como fuere, "Four eyes" rememora el primer día de colegio con un Randy que pone un poco de picante al asunto centrándose en la crueldad del primer encuentro con sus nuevos amigos (que le dedican a coro el título de la canción hacía el fin de la misma, cómo no) y a fin de reforzar la sensación de no entender (entonces) nuestro protagonista lo que está pasando, al verse de repente traicionado y abandonado a su suerte por su progenitor ("tienes que hacer que nos sintamos orgullosos de tí"). Un poco tremenda de primeras la canción, quizá, aunque a poco uno azuce la vista (y el oido) más allá, descubrirá su reverso cómico (por lo ex profesamente hiperbólico del tono empleado) que se puede encaber sin problema alguno en la carpeta de temas más ligeros y abiertamente "pop" de Randy (pues también existe ello y también es bienvenido siempre a fin de descongestionar florecimientos de piel entre tanto sentimiento vertido del que es capaz, el puñetero). Para agilizar y tras el insaltable, aunque frugal, recuerdo escolar, el autor da espacio a los dos temas más cándidos y bucólicos del lote (y ñoños, por qué no)... Han empezado "los primeros picores", en efecto. La chirigota tombolera de "Falling in love", con otra producción si bien no tan ominosa como la que precede sí igualmente de las menos memorables suyas, aunque paliada en esta ronda (eso si) por su invencible y adictiva melodía (-búsquenla en directo por las redes con el acompañamiento mínimo a piano-), no deja mucho lugar a dudas. Tras dicho "hitazo popero" que (pese a quien lo haga y de hacerlo) hace salir el sol en la noche, llega su compañera siamesa "Something special", con la que ya pasamos de un vago retratar el estado de ánimo (el aborregamiento innegociable y el irse de todo lo demás en el mundo, que conlleva el primer amorío adolescente -"maybe you're falling..."-) a la presencia física de la otra parte y una tonada digna de Disney, con sus notitas sintetizadas y todo a modo pegamento entre partes (y tan bonitas ellas), que es tan evidentemente hermosa como activa e inexcusablemente cursi según nos pille... Aunque conociendo un algo al tipo... Claro, todo cuadra al fin: el primer acto lo cierra la escueta y mínima "Bad News from Home", mucho más apagada en cualquier frente (un réquiem en contraste), y que no es sino el hostiazo (también innegociable) que deriva del azúcar sentimentaloide que antecede... "You said you love me but I know you lied", y a qué más. Cosas de teenagers, con sus egolatrías y tremendismos, su colección de "siempres" y "nuncas" tan reiterativos como absurdos, y todo lo demás (y tal... aunque todos lo hemos sido, ojo). 

La segunda parte/cara, se arranca con ésta mal lechosa y fascistoide -sino racista y a pesar de su levedad- "Roll with the Punches"... Si, ya lo adivinaron "los fieles". Tras tanta terapia regresiva, Randy se refugia en sus queridos trasuntos para cantar/relatar desde punto de vista ajeno. Cosa que, recordemos, le ha traído problemas a veces aunque el hombre ya se quedó sin saliva (hace tanto que ni se acuerda él), aclarando que no se sino un recurso muy básico presto a hacer mofa y a retratar a perfiles determinados con los que, obvio, no tiene porque estar de acuerdo perentoriamente. "Roll with..." no es sino el redneck "evolucionado" de los "Good old boys" años después, mirando las noticias de la tele con ceño fruncido y gesto simiesco, mientras suelta perlas del tipo: "pues si estos negros viven tan mal en el ghetto qué trabajen, coño, y que dejen mi dinero en paz" (usen otra "perla" en dicha dirección si no les convence el ejemplo más, pero en significancia es eso)... Y ahora, ya: a rapear con "Masterman and Baby J" (!!!???)...  De cabeza, ésta ya sin miramientos, al cajón de sus "cachondeos padre". Y está claro que éste Randy ya adolescente (y más observador de las cosas) empieza a afilar ese cinismo que le iba a a caracterizar por siempre, en casi imposible y perfecto equilibrio entre lo meramente coñón y lo abiertamente hiriente. A Randy se le va la pinza como nunca y construye una historieta que funde el triunfo de alguna rap band de la época (Run DMC, evidente, no hay sino repasar lyrics -y, por otro lado, una de las dos bandas más fundamentales  de la leyenda de dicho subgénero-) con la hipocresía social de dos tipos que son evitados por todo cristo en las calles, por pura y supuesta "chunguez" galopante, para a posteriori ser adorados por todos al alcanzar fama y estrellato... y, sobretodo y en resumen, aceptación (son colocados en "la máquina" y ya son válidos y admitidos sin resquemor medie -un poco como en el final del cítrico de Kubrick, si tienen a bien recordar y tal-). Desde tamaña e insospechada intrusión, toca explicarle a su señora madre que ahora es una especie de motorista con pañuelo rojo-chanante en la almendra ("Red bandana", of course) que se quedó prendado de alguna bailarina de algún antro en Nuevo Méjico... Magnífica y cachonda viñeta que continua, cómo no, la cronología randynewmaniana con este nuevo episodio de locura juvenil. Por su parte "Follow the flag" es la redención/conversión hacia pastos más conservadores, fruto (cómo no) de la enésima crisis de identidad del intérprete. Curioso viraje del bala perdida devora kms. a lomos moteros al esto que ahora nos comenta, queda claro (y, atención con algún guiño compositivo a la inmortal "Marie", que puede erizar vellos sin excesivo problema, ya que se pone). Sensación ésa, reafirmada con la siguiente "It's money that matters" otro de lo himnos poperos del lote, de vivaracho trote y su tan elocuente título... La derrota, el desengaño del "aquí -en USA, vaya- lo que único que vale es la pasta y sanseacabó, no te hagas líos con lo tuyo". Todo ello servido con un tono ya claramente ácido y socarrón, que sabe ser crítico sin molestar a nadie de forma directa (y por ser tan ladino siempre el condenado) y a todos a la vez de igual modo (por la burla que subyace desde  el fondo a la superficie -no, no es ningún canto a la ya mentada Gran Nación esto, que lo adivinistéis bien los menos tochos, sino justo lo contrario-). Sin embargo, si en términos de "derrota" referimos, ninguna como la despedida de "I just want you to hurt like I do". La crítica, la honestidad desgarrada que derrumba el mito idealizado del progenitor,  que rememora sus bajezas y fracasos, regado ello con el pánico por ese parecerse más -el mismo- de lo que hubiera sospechado jamás a la misma persona que lo sacó de su ciudad natal o que le "dejó tirado" en aquella estación de buses el primer día de colegio... "Solo quiero que seas tan cabrón como yo" parece le quiso enseñar a su vástago (y nuestro héroe), para que no le hagan daño, para que salga adelante... Pues eso, tan horrible moraleja y tristemente, es lo único de real valor que puede darle ya que, en definitiva, es seguramente  lo único que a él le enseñaron... Porque bien es eso, o bien entendemos el auténtico significar del crudísimo reproche (a degüelllo y sin más) que Randy otorga al recuerdo de su señor padre y abrazamos sin reservas tan amargo broche... Porque en efecto, sí, lo refractario hacía ello, la esperanza del "yo lo haré mejor que él" queda también en la retina pero, desde luego y para finiquitar, te has quedado a gusto Maestro...¿La canción?. Preciosa en todos los frentes, ni qué decir. Y fin. Hasta aquí llega el viaje con éste, "el peor disco de Randy Newman" que para mi, ni qué decir, es otro diez brillante como un millón de soles. Como cualquier otro de sus "discos normales". Además en "autobiográfico mode"... Qué coño quiere nadie de más... Yo solo un cosa, en verdad y puestos a todo decirlo:  qué sea agosto ayer !