viernes, 16 de septiembre de 2016

REIVINDISCABLE: "Set the twilight reeling" (1996) y "Ecstasy" (2000) / LOU REED


El próximo octubre se alcanzarán los tres años (ya) del óbito del Genio. Y aunque, es cierto, su obra de estudio estándar (sin colaboraciones ni mandangas variopintas medien) se aparcó, finalmente y del todo, en el último año del pasado milenio, demasiado me temo que a colación de éste hombre nos falta vida, directamente y a un sindiós de personal, para dejar jamás de echarle en falta... Esto es así. Y si bien la veracidad de las cosas que genera el tiempo, en retrospectiva, es fría y devastadoramente feaciente, no por ello pierde en momento alguno su condición de (igualmente y/o por lo menos, siendo pacato, "a veces") cruel... Veamos, ahora -cuando la parca ya ha hecho lo suyo- es fácil cuadrar libro de balances (datos ya definitivos en mano), y así, para el caso nos ocupa: "éstas son sus masterpieces; ese disco está sobre/infravalorado (siempre en perspectivas del juez que toque, obvio); tiene esta etapa que tal cosa y esta otra que no se qué"... Vale, ok y lo que sea (son cuatro décadas de paso de artista, que cada uno libre su propia batalla con ello). Sin embargo, quisiera echar la vista atrás un segundo, unos muy pocos años atrás ya nos valen... Y desde ahí: ¿quién, de entre sus admiradores (en distinto grado si se quiere), no hubiera recibido con dicha una nueva referencia, -de esas "estándar" que referíamos-, de Lou?... Volviendo a la actualidad, y por ejemplo, uno sigue esperando con esperanza, valgan redundancias y sea ello justificado o no, ese último baile de los Randy Newman o Tom Waits (sudando mucho de la edad que rece en pasaportes, ni qué decir). Y así, tal cual, que estaba uno (en ese preciso estado de ánimo), por lo referente al bardo neoyorquino en el momento de su desaparición... ¿Y a dónde se pretende llegar con todo esto?, paciencia que a ello vamos... Pues, básicamente, a dos puntos concretos: por un lado Lou Reed nos seguía manteniendo ávidos de nuevo material a un ingente considerable (seguía siendo necesario, aún así en su versión menos lozana y salvaje -que la sabiduría es innegociable en definitiva-) y, también (pues también es algo que se genera desde su adiós postrero), el hecho de lo dañino me resulta ese gélido considerar en base a los "balances" antes referidos (más, y tan artero, cuando atacamos a algo/alguien tan admirado)... Que la historia nos la cuentan unos cuantos siempre y, por ello, se crea acervo de la mera opinión (y da igual lo calificada nos resulte... "opinión", subjetiva siempre y al fin), cosa que, en resumen y para no alargar (más): no mola nada. Los historiadores/críticos/plumillas ya han hecho su "recuento" y, en adelante, cuando algún barbilampiño teenager, o post-teenager de veintipocos,  requiera guía externo para ponderar la descomunal obra del artista, se verá perdido en un mar de estrellitas y puntuaciones que, adivinaron, siguen siendo "mera opinión" (guste o no de admitir a quien proceda). No parece muy justo, y aunque además (claro, sí y en efecto) sea al fin algo perfectamente extrapolable a muchos artistas y gentes ello. Así, que esto sería un poco el tema, lo que vengo a reivindicar (si "reivindicar" con alguien de este calibre es posible -se admite lo ridículo que a alguien pueda resultar ello sin problema, vaya-)  es la poca consideración y postergación (generalizando, pero es lo que hay) de ese par de "ultimos bailes" de Reed: "Set the twilight reeling" (1996) y "Ecstasy" (2000). Dos discos que, por supuesto, gozan de bastante alta admiración/consideración en casa propia.


Mucho, puede que todo -y por todo lo ya aquí vertido y más-, esté perfectamente explicado y documentado desde su obra y biografía "oficial". Pero, yendo de meollos, lo que raramente se verá relatado en lugar alguno es lo de putísima madre que se lo pueden pasar aquellas gentes que atesoren el legado e historia del músico (con sus distintas metas volantes a señalar) al arribar a éstos, sus dos últimos elepés. Si es que, que de cajones resulta, se consigue pasar por encima de esas manidas "estrellitas y puntuaciones" y, lógico, les otorgan el pábulo que realmente merecen (sin dejarse influenciar en modo alguno, sin miramientos por encima de hombro tercien)... En sendos trabajos Lou sigue siendo Lou, y consigue ofertar algo digno de llevar su nombre, sin condescendencias medien (y ojo que lo que antecede, en estudio -que ya obviamos el fugaz "retorno velvetero"-, es la tremenda trilogía NY-Drella-M&L, casi nada): eléctrico, ácido, inquieto y cabrón como él solo, sin descuidar momentos para la sentida emoción en el relatar/cantar. El mismo inicio de "Set the twilight reeling" con la vigorosa "Egg cream" y la descomunal "NYC man", con su toque jazzero y con su ser más bonita que la madre la parió, logran por si solas descojonarse de todas las, ya por triplicado mentadas, "estrellitas" que antes decíamos. Y desde ahí, cómo no, todo es un seguir sin pausa: desde la evidencia del líder velvetero para "Finish line", pasando por el abrazo dylanita en modos y formas de buena parte de "Trade in", y consensuándose, al ir abriendo sus distintas ventanas, una marcada intención de sacar a pasear la eléctrica a poco se de el tercio... "Sex with your parents, part II" que nos canta el puñetero en uno de esos, siempre bienvenidos, blueseos callejeros que el tio murió bordando. Más acelerado en "HookyWooky", más inmediato en "Adventurer", siempre funcionando fetén y con el viento a la espalda (que más de lo mismo todo para las canciones omitidas, faltaría), hasta la conclusión ya esperada/esperable (a guitarrazo limpio tras una premisa más calma) con el tema titular -donde, ya puestos y en un momento puntual antes del acelerón final, suena una bass guitar que te funde en seco-. En cuanto a "Ecstasy"... Vaya de entrada que me parece, y refiero a nivel de toda la singladura del artista (al tanto), uno de sus trabajos más gratuita e injustamente infravalorados. Tal cual. Un disco, uno de Lou Reed además, que incluye "Modern dance", "Mystic child", "Big sky", "Baton rouge" o "White prism" no debiera ser tomado ni dispensado a la ligera... En absoluto. Se engancha al columpio el pedazo de insobornable cabronazo en los dieciocho minutazos de la tortuosa "Like a possum", saca a pasear su variante arty en "Rock minuet" (donde funde estática con cuerdas clásicas), y aunque el tema titular en ésta ocasión es algo con lo que uno no comulga, no faltan más blueseos de los que te dije (de los de meada en backstreet a la luz de una farola con bombilla casi ya presta a fundirse) o, también, inesperados gozos como la tan limpia y brillante guitarra que acompaña la arrastrada "Tatters" (por la que el Sr. Tweedy posiblemente mataría, aún hoy). o, por qué no, el subidón de "Future farmers of America", que logra aquí un efecto similar al logrado por aquella "There is no time" del ya monolítico "NY" del 89. Y ya está. Hasta aquí llegamos. Dejando constancia (y hasta disculpas de ser menester), una vez más, de aquella obviedad del que "reivindiscar" algo de este tipo viene a ser en la últimas como hacer lo propio con un Durero, o poco menos... Que está de más, más que probablemente y vaya. Pero así, pues mira, uno al final se quita mierda de encima y se queda tan ancho. Como siempre desde una postura de "mera opinión" todo ello, pero: visiten y re-visiten estos dos discos que tienen su "chicha" (posiblemente más de la sospechen o recuerden, con perdón ahora por la presunción gratuita) y además, joder, que son de quien son...


sábado, 10 de septiembre de 2016

CAR SEAT HEADREST - "Teens of denial" (2016)

A ver, resumen... MENUDA PUTA LOCURA TOTAL DE DISCO !

La culpa no es sino del Cosmic Master, y amigo de la casa, Johnny... Pero por partes. Ésta vez el enésimo "pseudoabandono" del espacio -durante varios días- no ha venido solo rendido a motivos de índole personal, no. Y es que se han juntado una serie de lanzamientos discográficos de interés variopinto, y así en tropel, en un espacio temporal muy reducido que, lógico, me han robado hasta el más minúsculo de los ratos de asueto. Y ojo que siguen saliendo, dita sea... Además, con un nuevo Dinosaur Jr de por medio, claro... Pues bien, aunque para mi el disco de Mascis y cia es el del año sin debate posible, me insistía Johnny que prestara especial atención al disco de temporada del imberbe éste de Will Toledo (veinticuatro recién arribados, el granuja) con su alter del "respaldo de coche para la almendra"... Que, además (atención), anteponía y todo al magistral disco del trio jurásico ! (también altamente apreciado por él, eso si). Bueno, ahí de entrada no estoy de acuerdo, claro (Dinosaur Jr es mi banda favorita, en definitiva y debe entenderse). Pero, SÍ, desde luego... Éste muchacho, con su pintaza neird encaja-collejas, es un maldito y puñetero tesoro. 


Todas las chorradas, leídas u escuchadas, sobre esos hypes sobrevenidos a auténticas animaladas y que para mi no pasan (en el mejor de los casos) de lo meramente "correcto" desde lo que llevamos de milenio, se transforma en cruda y dura realidad con Car Seat Headrest de forma tan evidente que te salta a la yugular y te vence sin remisión. Tal cual. Cuando los grandes y mejores nombres del indie rock yanqui (antes de grunges y demás y su tan artera y plena inclusión al mainstream, con la paradójica etiqueta "alternativa" para mayores guasas -y perdiendo de paso la aposición complementaria ese "indie" en el proceso-) fueron dejando paso a los "nuevos tiempos", hubieron algunos pocos que se empeñaron, dios sabe que lo intentaron, en mantener la llama... Y, así sin ninguna vergüenza, como si nada hubiera pasado desde mediados de los 90, llega Will Toledo con sus dos disquitos y retoma esa senda que los Pavement, Built to Spill, Guided by Voices, y demás, dejaran tan bien apuntada para gozo de unos cuantos y que "las injerencias -alternativísimas, siempre, recordemos- de mercado" sofocaron con sus oasises, offespringles o kornettos (largo etc, y por lo general siempre con una credibilidad y necesidad en la historia rockera afín a la que pueda tener, por ejemplo, un manojo puerros, ni qué decir).

(el Harry Potter del rocanrol a día presente tratando de marcarse un selfie decimonónico)

Sea como fuere, éste "Teens of denial" ("adolescentes de la negación"), nos devuelve esa adictiva frescura de la alquimia garagera, el flagrante descaro lo-fi del "make it yourself", y aquella gloriosamente eléctrica ruptura de manidas convenciones, que tantas y tantas cosas parece pasarse por la forrera, para alcanzar un fin (aquí SÍ) orgánico y sin ambages que, de paso, logra que uno se reencuentre con el placer de escuchar "musica de guitarras" de la que, decidida y finalmente, APORTA. Y que no es "la de siempre", sin u otra vez más (en pos del hit y tentetieso, de forma plana y transparente,  a cualquier nivel se considere). A sumar el tan amplio rango de referencias que aquí se abraza (incluso más allá de lo más evidente ya explicado), que esa es otra... "Teens of denial" tiene "su momento" tanto para los fans de Dream Syndicate y los Feelies como lo tiene igual para los fans de Mudhoney o Superchunk (descuajaringante etcétera). Metiendo tantas cosas (y de las buenas de verdad, las que a tantos nos molan y nos dan la vida) en la coctel-cao que el tío/banda acaba por desarrollar su propia y cojonuda lasaña de gourmet, para dicha y jolgorio general de todos.



Además, por si todo lo vertido resultara poco, Toledo no tiene reparo (y sí la personalidad) en marcarse algunos temas especialmente largos, con sus giros y requiebros en la grupa, que dotan al asunto de una feaciente credibilidad (apostillen "épica" si quieren, aquellos más osados)  y de una certeza de estar ante algo nuevo a lo que, realmente y al fin (y de una puta vez), se debe prestar seria atención, como bastante obvia. Y, ojo, sin encaberse el tedio en momento alguno, sin rellenos de a granel. En plata: "Cosmic hero" y "Vincent", y alguna otra que supera la media docena de minutos tan ricamente, son de 10 sin discusión a valer, ok... Pero es que, además, está "The ballad of the Costa Concordia" que, directamente, huele a Historia del Rock  durante sus once minutazos de paso (de acuerdo, y permítanme aquí el hiato fugaz, con ella tenemos la canción del año Johnny, y muy claramente además -me pareció que Lou sonreía en el cielo y todo, en algún momento de la primera vez la escuché-). Si, cómo no, adherimos ahora al cocido pelotazos más inmediatos, como la inicial "Fill in the blank", "Just what i needed..." o esa maravilla del "Destroyed by hippie powers" (la madre que te parió, niñato... que alguien me de putas "drojas" para dejar de escuchar esto... por el amor de todo !), pues ya para que seguir escribiendo nada dado que, en efecto, eso es justo lo que sobra en éste "Teens of denial". 

(la sala común de Gryffindor al completo y viendo pasar moscas)

Y es ahora, al final y por supuesto, el momento donde, siempre para mi y en un mundo mejor, todos aquellos no aquejados de impostura tendenciosa y/o colaboracionistas de la medianía hinchada a la brava por los media, agarran todos los discos de los Artic Monkeys, Clap your Hands, White stripes/Jack White, Strokes, Vampire weekend, Arcade fire, Franz Ferdinand y demás mandangas de a duro la docena y los tiran ya a tomar por el culo, de una vez por todas y para siempre... Para, lógico, ponerse a escuchar con desmedida fruición (como si no hubiera un mañana) a éste Will Toledo, cuya pinta de protagonizar el remake de "La revancha de los novatos" esconde, a su vez, más sangre, intención y honestidad rockera de lo que todas esas gentes juntas lograrán reunir jamás, así vivan mil vidas. Este chaval es "de verdad". Es lo que debiera ser, joder. Y lo que es mejor: es franca y rematadamente bueno. Más que bueno en verdad, o por lo menos hasta hoy (que estoy ahora con el primer disco, del pasado año, y joooder igualmente...). Gracias, Cosmic Master, el segundo mejor disco del año corre de tu cuenta esta temporada.

domingo, 21 de agosto de 2016

ABOUT... WOODY ALLEN

Pues no. No puse a Woody Allen en la jerigonza doméstica de hace unos días con aquello de "Mi Top-5 de realizadores ever -en esto del cine-". Pero en verdad, y justicia, aclaro hoy ello explicando que aunque casi siempre tengo en la última posición de dicha -y tan gratuita- chocarrada al señor John Huston (los otros 4 son mis "intocables" y no hay más que hablar) liándose de leches contra dios y la madre por conservar dicha condición, a veces, entre trifulca y trifulca, " me pierde algún puesto"... Y, obviamente, uno de los "chorizos", o "intrusos" (o lo que se quiera convenir), prestos siempre a colarse en tan reputado rol es, no quepa duda, el cineasta que hoy ocupa éste "About" de turno. De hecho, fijarse (o no) mismamente en el lateral del espacio, con lo de las "labels" y tal, y descubrirán como de entre los artistas con nombre propio, el Sr. Allen es el que acumula más reseñas en ésta casa y con muy holgada contundencia. Toda una cuenta pendiente, a decir verdad y para uno, esto de hoy.

Y es que Woody Allen ya cuenta con su "ciclo" particular, a costa de su filmografía como director para "la gran pantalla", aquí (vamos por los primeros 90's por si alguien no le consta y tiene curiosidad... y sobretodo tiempo), es cierto. Pero me faltaba quedarme ya a gusto del todo con esta sección que, seré claro, es la que me permite hacer siempre el barrido en modo "brocha gorda total" sobre lo que pienso, opine o considere de quién quiera dios que sea o lo qué sea el diablo toque.


 Así sin más, porque por algún lado hay que empezar y porque a mi esto de las disgresiones pues, quieras que no, me tiran bastante, empiezo contradiciendo gran parte de lo apuntado en el bastante entretenido (que no necesariamente edificante -rara vez me lo parece, vaya, y sin que por ello pierda un ápice su condición de ligero y apreciable divertimento-) programa de radio Todopoderosos, en el especial que ahí se pegaron (tiempo ha), a la salud del célebre genio sionista de la big apple (podcast del mismo)... La apreciación del presentador/conductor de dicho programa, Arturo González-Campos, cuando afirma que el cine de Allen es como "el colmado del barrio" (donde, más o menos viene a referir, la gente va a buscar algo muy concreto y punto) la paso de largo por básicamente, y perdón por emplear jerga técnica, chorras (sino irreverente en verdad... pero como el hacedor no es siquiera consciente de ello, pues miren, lo dejaremos pasar al no mediar maldad). Más me sorprende, y desconcierta (por lo absurdo y vanal viniendo además del contertulio más respetable, a priori, en lo tocante al reverso menos cómico -por lo habitual- del embolado), lo del cineasta Rodrigo Cortés... Sin cortarse un pelo, éste afirma (así, pontificando y con un par) que: Woody Allen tiene una "resurrección", cada lustro o así, donde es redescubierto y/o redimido (como si todo su cine fuese un continuum, sin pausa, por igual en sus partes -o sin ir más allá de lo evidente de los inicios más desmadrados-, y sin distanciar épocas por calidades o inspiraciones). Es más, se (auto) refuerza el tío añadiendo algo así como que cuando se critica un nuevo film de Allen (orientado ello a sus últimos tiempos, mayormente), se suele olvidar por la curra que algunos, o muchos, de sus hoy ya "clásicos" también se llevaron (en no pocas ocasiones) generosa ración de cera en su momento... Esto está muy bien, si. Mayormente porque se lo saca él del badajo y lo dice tan serio que si algún teenager, o post-teenager, impresionable (de esos que ingieren elementos culturales, y pseudoculturales, así a lo burro... a granel y sin filtro se requiera, que también es un poco la edad -y por ello no media crítica alguna aquí por lo a ellos tocante-) da con ello, hará dogma de algo que, básicamente, es un embuste (o "si prefieren los nombres largos" que diría aquel: un sofisma recalcitrante de manual y avezado por completo a un racionamento completamente trillado por conveniencia de contexto)... Pero lo dejo ya, que a fin de cuentas yo escucho ese programa (es más, ya puestos, el Sr. Cortés es además mi contertulio favorito del mismo y con muy marcada diferencia) y tampoco les quiero dejar, al menos de momento, más "lindeces"... Les permitiremos huir hoy con vida, pues, y ya haremos más sangre en otra ocasión (prometido queda). Eso sí, la importancia y grandeza de tan reputado y necesario artista, para con la historia del medio que más y mejor le eterniza, ya se lo explico yo como procede en siguiente párrafo (y "de nadas", anticipadas).


En realidad es muy sencillo. Demasiado tal vez. Nos enfrentamos con Mr. Allan Stewart Königsberg a un realizador que hilvana (y mucha atención que es esto algo sin parangón en toda la historia del tinglado, me atrevería a argüir) un cuarto de siglo majestuoso, a razón de film por año: desde 1973 a 1994... Vale, vale, ok, no es mi rama favorita pero tengo nociones, y aún por muy básicas sean, en esto de las "mates". Me explico. Aunque entre incluso desde ese periplo de bonanza brutal señalada haya y habrá siempre -y para quien proceda cada vez- algún que otro escollo (yo señalaría dos referencias única pero muy claramente: "Septiembre" y"Alice"), o el que, también y a pesar del encanto o la comprensión se pretenda encontrar/mediar, me parece como bastante indebatible que tanto "Bananas" como "Todo lo que ud..." (ambas fuera del periplo apuntado -paciencia, que lo ato al final-) no serían precisamente "peliculones" (y por mucho que unas risas puntuales siempre te las pegues). A pesar de ello, digo y sigo, el recuento final que hago (y me gusta de hacer) me llega a buen puerto al traernos de vuelta su primer largometraje como director, la descuajaringante "Toma el dinero y corre", hacer puntuar como procede la devastadoramente cachonda "Desmontando a Harry" (para mi su última y descacharrante masterpiece más allá de toda duda), apreciar sin reservas dos films ya neomilenarios que me encantan cosa fina y siempre quedan fatalmente infravalorados como "La maldición del escorpión de Jade" (lástima de la fatal elección para el rol de la co-protagonista principal, eso si) y, sobretodo, la muy cachonda y no falta de mala gaita "Un final made in Hollywood", o incluso recordar, de vez en cuando, la simpatía de una obra menor pero aún efectiva como "Poderosa Afrodita", lo mismo que el tremendo "solo" (perfectamente encajado esto, que soy un crack a veces, si) de Penn para el falso biopic de aquel émulo impostado del legendario guitarrista de jazz Django Reinhardt en "Acordes y desacuerdos". Esto és, hágamos recuento: aunque hablando con mayor propiedad la cosa estaría más en un par de décadas sin tregua para lo que nos ocupa o se viene a referir (y "casi nada", igualmente, vaya), creo que la cosa se puede optimizar (o me hago "un Cortés", y me legitimo yo solo sin pedir permiso ni rendir mayor explicación a nadie) con ese cuarto siglo que tan recurrentemente (siempre, en verdad) apunto. O mejor aún, qué narices, sean a la postre veinte o veinticinco... Volvamos a los "sin parangones" (de los que te dije) en el medio artístico que procede, y su historia toda ella. Que eso no cambia,no.


Más cosas... "Todo el cine de Woody Allen es igual"; "Siempre hace la misma película"; o, directamente, "No me gusta  Woody Allen" (que está muy bien por que les soluciona la vida del todo a sus numerosos, hoy llamados, "haters" -que los hay por sistema, por si poco fuera-); etc. A ver, más allá de datos biográficos mil con su singladura/carrera que arrojar al tapete, las influencias de Allen (Bergman, Groucho, Fellini, etc.) están ahí de forma preclara y además él nunca las ha escondido precisamente. Que merced a ello, y por contra, acabó por generar un estilo propio, más allá de cualquier debate, es otra. Y, en base a eso último precisamente, resulta que aún habitando en las antípodas galácticas de quien suscribe por lo tocante a gustos cinematográficos, és por lo que de entre esos "sentenciadores", que aducen fraseos entrecomillados como los del inicio de párrafo, a los únicos que (sinceramente) podría llegar a exonerar sin multa alguna a  pagar son a los del tercer grupo/sentencia (si algo no gusta, pues no gusta y punto por azúcar o sal se le eche... y una gran pena para el caso nos ocupa según lo entiende uno pero, si, faltaría menos y estaríamos buenos, a la vez y vaya). Porque, que aquí se quería llegar: "la misma película" (?), "todo el cine igual" (??)... Miren, se lo pongo bien fácil a éstas buenas gentes de dios: y unos cojones, oigan. Woody Allen ha hecho mucha comedia, si... y drama, y cine histórico (en clave cómica), y hasta sci-fi (ídem de lo anterior, pero igualmente en ambos casos)... Se ha paseado por el noir, por el falso documental (hasta tres veces !), ha homenajeado al expresionismo lo mismo que al neorrealismo en unos ejercicios de estilo plenos y del caerse, sabiendo implementar su sello sin que rechine un ápice el cocido (y obviando para la ocasión a las influencias que antes se mentaban, ni qué decir)... joder, aquellos que conozcan "Una partida de campo" de Renoir de los 30's y después visualicen "El sueño sexual..." no pueden sino reconocer y aplaudir  a un erudito bestial del arte nos ocupa... Las fábulas de Cairos y Afroditas, se ha acercado a mafiosos y hasta a musicales (con dispar, sino contraria, efectividad, pero ahí queda ello igualmente)... y/o, ¿cuánta nostalgia encuentran los fans de Truffaut en Danny Rose o  en aquellos Radios Days?... No "más cosas" , que escribía hace un rato, no. Muchas. Vale, de acuerdo, no ha hecho ningún peplum, o western, o slasher, o alguna de submarinos... Pero, vaya, no jodamos ni seamos absurdos por el placer de serlo, hombre. Sumemos ahora el embalaje musical... Quién coño puede pagar el buen gusto y ese engastar las piezas donde se suele hacer por parte de éste hombre. ¿Fotografías?, ¿movimientos de cámara?, ¿dominios de campo?... De verdad que, sin más, nos aburrimos todos si nos ponemos a contar la variedad de palos a la sazón dispuestos por este tipo. Y eso sin contar "cucamonas" puntuales que de eso también va fino: desde la "colisión de mundos" en La Rosa, hasta Williams desenfocado, pasando por el monumento a la pericia visual de "Zelig" y sin obviar, jamás de los jamases, la exhibición de esos parajes que resultará siempre "Annie Hall" y su metalenguaje explicito, sea mirando directamente a cámara o, cómo no, en uno de los diálogos más brillantes nunca vistos on screen que tiran la cuarta, la quinta, la sexta pared y hasta el edificio entero (subtítulos mediante, claro y que ya es historia ello). Además, qué cojones, el arranque de película que más me gusta de todo el cine que haya visto jamás en la puta vida ésta, corre por cuenta de este hombre. Y su "Manhattan", ni qué decir.


En resumen postrero... A Allen no se le perdona, aún entre sus simpatizantes, dos cosas muy señaladas: la ya indiscutible bajada general de su cine "post-Harry" y, claro, su desmedida e innegociable profusión anual. Lo triste, por eso, lo realmente jodido de asimilar es que cuando éste cineasta ya no esté, es posible que aquellos amantes del cine que llevan escupiéndole tanto tiempo en su declive reparen al fin, y para su horror, en la barbaridad que le debemos a éste hombre y su arte... Lubitsch, Keaton, Groucho, Capra, Bergman, Fellini... Ya hace muchos lustros que Allen se sienta a esa mesa con propiedad plena y total (mucha más que cualquier compañero generacional, exacto o aproximado en cronologías, ya puestos y en cualquier caso). Ningún cineasta le tose en número de referencias indeleblemente unidas al "buen cine" desde el último medio siglo de cine (esto es así por rimbombante y tremendista resulte) y, finalmente: si si, ok, solo son pelis de "el soltero, los judíos y el psicoanálisis"... Y, por supuesto, Ford solo hacía pelis de tiros, y Kurosawa de espadotes, y ya puestos -qué narices-, el Hitchcock de las narices no era sino un orondo salido con dos cursillos del Ceac de fotografía, y Welles un listillo que camuflaba en tecnicismos visuales su falta de construcción narrativa, Hawks solo sabía encerrar a gente en sitios (ni qué decir), Ozu no cambiaba de secuencia porque no sabía el pobre (que por eso le gustaba trabajar con gente mayor, porque se mueven menos y tal, si), a Tarkovski le gustaba filmar de lejos por la presbicia y, cómo no, los planos fijos omniscientes de Lang es porque se dormía tras la cámara de la curda llevaba siempre el cabrón... Ah, y el peor de todos Fellini, si, que solo acumulaba actores en marco para hacer bulto, el canalla. Y aunque, no se dude, así nos estaríamos un buen rato aún, a fin de dar carpetazo final (ahora ya sí de verdad): de acuerdo, ok, increpemos todos a Allen por lo que sea de su cine de cuño más reciente (no problem), pero (y ésta es mi opinión en definitiva), no olvidemos nunca que hablamos o tratamos, pura y duramente, de historia viva del Cine. Así, en mayúscula. Al nivel de cualquier nombre propio -o muy poco menos- de los también mentados (y demás de similar pelaje) en éste mismo y último párrafo. Y, ojo -que ya al fin me atrevo con todo-, superando incluso por obra y legado a algunos de ellos, visto hoy en mayor y más justa perspectiva. Un genio, único e irrepetible. Sin más. Y aunque esté vivo.